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«Yo me voy a hacer un gin-tonic, vosotros haced lo que queráis»

Televisión. El programa ‘Joc de cartes’ buscaba el mejor restaurante con sello personal entre Reus y Tarragona. Acabó encontrando cocinas sucias y mucha tensión

CARLA POMEROL

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Momento final en el Teatre Fortuny, a punto de conocer el nombre del restaurante ganador. FOTO: TV3

Momento final en el Teatre Fortuny, a punto de conocer el nombre del restaurante ganador. FOTO: TV3

Que una tarraconense como yo crea que lo mejor del programa del miércoles de Joc de Cartes fue descubrir el interior del edificio modernista de la Casa Navàs de Reus, dice mucho de los restauradores que ayer participaron en el concurso-reality. La idea inicial de los guionistas de TV3 era descubrir cuál era el mejor restaurante con sello personal entre Tarragona y Reus, promoviendo así «la histórica rivalidad», decían. Digo inicial porqué el resultado se podría resumir en: cocinas sucias, tensión hasta el último minuto, llantos y continuas faltas de respeto. La elección de los restaurantes no pareció la más acertada y la actitud de algunos participantes fue más que reprobable. Queda claro que el Camp de Tarragona dejó perder, una vez más, una oportunidad única.

Entremos en materia. La primera parada fue en la capital del Baix Camp, en la mítica Casa Coder, en la Plaça Mercadal. La sorpresa llegaba con la excéntrica personalidad de su propietario, Gerard Guivernau. Lleva 23 años al frente del negocio y su tiempo libre lo dedica a su familia y a las motos, su pasión. Guivernau aseguraba que él ganaría el programa «porque me he comprado una camisa para recoger el premio». Desafortunado estuvo cuando encajó mal el comentario de una de las comensales –Meritxell, la participante más crítica–, quien opinó que el pulpo estaba demasiado cocido, un poco blando. «Yo tengo una pata aquí que está más dura que el pulpo», dijo Guivernau, entre fogones. El céntrico restaurante de Reus acabó haciendo un buen papel, pese a que los postres tardaron demasiado en salir.

La segunda parada fue en Tarragona, en casa de Meritxell Lecha. Su restaurante, A 3 mans, está ubicado en la calle Salinas, cerca del Ayuntamiento. Lecha y su marido se han formado en las mejores escuelas de hostelería de Barcelona y han trabajado en restaurantes con estrella Michelin. El local, de piedra y con exceso de iluminación, no acabó de gustar a los comensales. La comida sí que convenció, destacando el ravioli de langostín y las vieiras con panceta. Y entonces llegaron dos de los momentos estrella del programa. El presentador, Marc Ribas, pidió a Lecha un poco de vino dulce. Se conformaba con ratafia, para acompañar los postres. No había, decía Lecha. Ni había, ni habrá nunca. Momento de tensión en la mesa. La actitud de la propietaria cambiaba repentinamente. En busca de algo dulce, llegaba la guindilla del pastel. Ramon Sas, otro de los participantes, propietario del restaurante Cal Mano de Tarragona, decía: «Chartreuse no, que es bebida de tontos», dijo Sas. Las redes sociales ardían.

El programa continuaba justamente en Cal Mano. El local no gustó a los comensales. Uno lo definió como la típica «taberna carajillera». Acusaron a Sas de no limpiar y de ser un desordenado. Prueba de ello era la presencia de un cajetín de medicamentos en pleno comedor. Los participantes no le perdonaron que su camarero, el conocido actor Víctor Benjumea, les sirviera el vino caliente.

Finalmente, la última parada fue en Reus, en el restaurante SORA Experience, que ofrecía cocina de fusión. Curiosamente, no fue el propietario quien representó el local, sino la cocinera, Ana Martínez, una contable que dejó su trabajo para estudiar en la escuela de Arguiñano. Pese a su fuerza y tenacidad, el papel del SORA Experience fue desastroso. Una cocina sucia y una versión de cheesecake con el queso agrio, fue lo que se ofreció. Ana se derrumbaba y empezaba a llorar.

Cal Mano suspende

Llegaba la hora de la verdad con la confrontación entre los cuatro participantes. La histórica rivalidad entre Tarragona y Reus no se palpó en ningún momento. Pero de tensión hubo para rato. La gran triunfadora de la noche fue Meritxell Lecha, del restaurante A 3 mans, obtuvo una puntuación de 7,1. Se llevaba 5.000 euros de premio y la recomendación por parte del presentador de que comprara algún vino dulce. En segunda posición quedó Gerard Guivernau, de la Casa Coder, con un 6,7, y en tercera, SORA Experience, consiguiendo un 5,2. El último puesto fue para Cal Mano, quien no llegó ni a un aprobado. La tensión se podía cortar con un cuchillo en un Teatre Fortuny vacío. Guivernau, con afán de acabar con la discusión, dijo la última frase del la noche: «Yo me voy a hacer un gin-tonic, vosotros haced lo que queráis». Fin.

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