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Vecinos en pie de guerra por el futuro de un banco de la Rambla

Conflicto. La propietaria de un bar consigue que trasladen el asiento de mármol porque al ampliar la terraza queda en el medio

Carla Pomerol

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Una grúa trasladará el banco de mármol en los próximos días. FOTO: alfredo gonzález

Una grúa trasladará el banco de mármol en los próximos días. FOTO: alfredo gonzález

Un banco de mármol es el objeto de conflicto entre los vecinos del primer tramo de la Rambla Nova, el más próximo al Balcó del Mediterrani.

La propietaria del bar El Cafetó ha ampliado hace unos días su terraza con más mesas y sillas. El problema es que el banco en cuestión queda en el medio.

Los vecinos temen por el futuro del asiento. Les ha llegado el rumor de que será trasladado. «Es un banco muy ocupado, siempre nos sentamos aquí», decía Pedro, un jubilado, quien añadía que «ahora no sabemos qué pasará con él. Pero lo defenderemos hasta el final». 

Algunos de los vecinos han denunciado que la terraza del bar supera la longitud de la fachada del local, cosa que la normativa no permite. Pero la propietaria del negocio solicitó al Ayuntamiento ampliar la terraza y Domini Públic ha dado luz verde a la petición. La decisión del Consistorio perjudica, por ejemplo, al comerciante que regenta una tienda de souvenirs justamente al lado del bar, que no puede sacar el expositor de postales fuera del local. 

El Ayuntamiento confirma que el banco será desplazado unos metros y seguramente acabará delante del Teatre Tarragona. El coste de traslado será asumido por la propietaria del local. «Es el procedimiento habitual cuando una ocupación de estas características implica cambios en el mobiliario urbano», explican fuentes municipales. Está previsto que en los próximos días, una grúa de grandes dimensiones traslade el banco de mármol. El coste podría ascender a 1.200 euros y, en caso de que se rompiera, a 2.000.

«El mobiliario es de todos»

«¿Cómo puede ser que una sola persona tenga tanta fuerza de convicción como para desplazar un banco público?», se pregunta María, una vecina, quien añade que «es como si me compro una casa al lado de la vía del tren y, al cabo de unos años, digo que me molesta y pido que la cambien de sitio».

Los vecinos opinan que un negocio privado no puede decidir sobre «el mobiliario urbano, que es de todos». Roberto, que también vive en la zona, asegura que «cuando me siento en el banco, tengo al lado un hombre tomándose un vermut en la terraza». Todos ellos han presentado escritos de denuncia a la OMAC.

Por su parte, la propietaria del bar lo tiene todo en regla. Explica que «los vecinos quieren salir de su casa y encontrarse con el banco en la puerta. Pero la situación no es tan grave. No es que desaparezca el asiento, simplemente lo desplazan unos dos metros».

La propietaria asegura que no quiere tener problemas con los vecinos y que está abierta a escuchar nuevas propuestas. Además, denuncia que algún vecino se dedicó a tirar agua desde su balcón para mojar a las personas que estaban tomando algo en la terraza del bar. La polémica está servida.

 

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