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Un viaje de más de 2.000 años de historia en Tarragona

Efeméride. Este jueves se presentó el Atles Històric i Il·lustrat del Port de Tarragona, una obra de Joan Carles Blanch, que explica la transformación de toda la ciudad

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El viaje empieza en la época íbera, cuando alrededor de la ciudad de Kesse se construyó un pequeño puerto junto al mar. Era una especie de espigón con una construcción de madera. Más de 2.000 años, el Port de Tarragona es un hub euromediterráneo, al que llegan mercancías de todo el mundo.

Son más de veinte siglos de historia, que Joan Carles Blanch ha plasmado en el Atles Històric i Il·lustrat del Port de Tarragona, una publicación que ayer se presentó públicamente, coincidiendo con la conmemoración del 150 aniversario de la constitución del puerto moderno.

El libro está estructurado a partir de una línea del tiempo, a través de la cual uno tiene una primera síntesis de la evolución. A partir de ahí, capítulo a capítulo, el autor va entrando en cada uno de los periodos. Éste no tan solo ha plasmado la transformación de esta infraestructura, sino que lo hace enmarcándolo junto al desarrollo de la ciudad y de algunos de sus personajes. «No se entiende la historia del puerto sin su ciudad y al revés», decía Blanch.

El proyecto arrancó hace tres años y medio. Este ilustrador e historiador de La Riera de Gaià ya había hecho un atlas ilustrado sobre El Catllar, cuando pensó en la posibilidad de explicar la historia del Port de Tarragona de una forma más didáctica. La iniciativa tuvo una muy buena acogida desde el primer momento por parte de la Autoritat Portuària.

Función didáctica

Empezaba un largo periodo de documentación, por un lado, y de dibujar, por el otro. Y el primero fue el más complicado ya que los primeros mapas que existen son del siglo XVII. «Para las ilustraciones, tenías que imaginarte cómo era todo a partir de las descripciones en documentos antiguos o a partir de deducciones que haces con los documentales que haya podido ver», apunta el autor. Así ha conseguido detalles sobre cómo eran los barcos, el tipo de vestimenta o los instrumentos de navegación que se utilizaban en cada una de las diferentes épocas. Para hacer alguno de los dibujos, este ilustrador confiesa que tardó un mes de tiempo. Y, a partir de ahí, incorporaba el texto obtenido a partir de los libros y artículos que se han hecho durante todos estos años sobre la historia del puerto.

Con todo, Joan Carles Blanch ya avanza que a ojos de los historiadores más rigurosos puede generar cierta reticencia. «No es un libro histórico, es un atlas histórico o un compendio de información sobre un tema muy concreto», apunta. Su autor ha querido priorizarse la función didáctica de un libro con 370 ilustraciones, 36 fotografías y 2,5 kilos de peso.

Aunque en el periodo de los íberos el puerto ya existía, fue a partir de la llegada de los romanos, cuando establecieron una base naval en Tarraco, que éste empezó a ganar envergadura. Blanch considera que en este periodo hubo «una auténtica historia de amor entre el puerto y la ciudad».

«El proceso de monumentalización de Tarraco tuvo un impacto directo sobre el puerto, ya que prácticamente todo pasaba por aquí y, por tanto, vemos que este espacio va haciéndose más importante a medida que la urbs va cogiendo importancia. Era muy cosmopolita», relata Blanch.

Durante el periodo medieval, Tarragona vivió de espaldas al mar. «La ciudad centró sus esfuerzos en la construcción de la Catedral, dejando un inmenso vacío entre la parte de arriba y la de abajo. Estaba dividida y encerrada en sí misma», sigue explicando el autor de la publicación.

Posteriormente la ciudad se fortificó para evitar los ataques de los piratas. El puerto no funcionaba y, durante la época Moderna, Salou se convertía en el referente, beneficiado por el comercio del aguardiente de Reus.

Hasta la petroquímica

No fue hasta los siglos XVIII y XIX cuando se sentaron las bases del puerto moderno. «Empezó un movimiento comercial importante, que hacía que poco a poco surgiera el barrio de la marina», añade. A mediados del siglo XIX, finalmente las dos Tarragonas se conectaron. Lo hacían a través de la calle Unió, que se convertía en uno de los ejes más comerciales de la ciudad. En este mismo siglo, en concreto el 18 de octubre de 1869, se constituyó la Junta d’Obres del Port de Tarragona, fecha que supone el nacimiento de lo que se ha denominado el puerto moderno.

Nuevas terminales, más y mejores grúas, diversificación de tráficos... Aunque la última gran transformación se inició a partir de los años 60 y 70 del siglo pasado, con la llegada de la industria petroquímica. «Las empresas necesitaban poder abastecerse y el puerto se dotó de nuevas infraestructuras, en función de las necesidades», añade.

Tras adentrarse durante más de tres años en este exhaustivo trabajo, este historiados e ilustrador afirmaba que «Tarragona es una ciudad globalizada gracias a su puerto, que recibe productos desde el Cuerno de África, a la India o América. Toda la fruta tropical pasa por ahí», concluía.

Unas 300 personas acudieron a la presentación de un atlas que, según recoge en el prólogo la directora del Arxiu del Port de Tarragona, Coia Escoda, «es un itinerario histórico visual a través de la historia portuaria de la ciudad».

Por su parte, el presidente de la Autoritat Portuària de Tarragona, Josep Maria Cruset, destacaba las «razones estratégicas, económicas y comerciales» que a lo largo de la historia han entrelazado el puerto con el Camp de Tarragona. Asimismo, ponía en valor que la calidad de esta edición hace que la publicación «se convierta en el principal soporte para dar a conocer los más de 2.000 años de historia del Port».

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