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Tesoros en el fondo del mar

Inmersiones. Numerosos restos de naves hundidas yacen en la costa tarraconense y el mar del Ebro

SÍLVIA FORNÓS

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Restos del barco de pesca El Catalá, que reposa frente a Tarragona a 43 metros de profundidad. FOTO: J. M. Castellví

Restos del barco de pesca El Catalá, que reposa frente a Tarragona a 43 metros de profundidad. FOTO: J. M. Castellví

Un viaje a las profundidades del litoral tarraconense permite explorar un sinfín de tesoros submarinos que reposan en el fondo del mar, impasible al paso de los años y guardián de anécdotas. «La costa tarraconense y del Ebro, desde la antigüedad clásica, siempre han estado vinculados a la navegación, y donde más embarcaciones se habrían hundido» explica Josep Maria Castellví, experto submarinista e historiador. Siniestros que tendrían su razón de ser, según él mismo, «en causas fortuitas, como errores humanos o por la climatología adversa, y también por los conflictos bélicos».

Imagen de una de las inmersiones de la empresa Mar de Hielo. FOTO: Mar de Hielo

Castellví señala que cerca de la Punta de la Móra, en Tarragona, se halló en el año 1948 el Sarcòfag d’Hipòlit y que actualmente se encuentra en el Museu Nacional Arqueològic de Tarragona (MNAT). Campos de ánforas y cepos (parte de las anclas) de naves antiguas se pueden encontrar a lo largo del litoral tarraconense, donde también hay hundimientos hechos expresamente. «Son barcos que no son históricos, pero que tienen su historia en minúsculas. Son hundimientos hechos bien por obsolescencia o para crear escollos o biotopos artificiales, o para ocio de los buceadores», explica Josep Maria Castellví. Responde a este perfil el vapor Dragonera, hundido expresamente para practicar submarinismo. Se trata de un carguero de unos 65 metros de eslora, que descansa desde 1994 sobre un fondo de arena y fango, a una profundidad de entre 14 y 23 metros, y colonizado por la fauna marina.

El legado de las guerras

La costa tarraconense y del Ebro también padecieron las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial, dejando numerosos restos de naves hundida. «Los barcos, cada vez más sofisticados y grandes, se convirtieron durante las guerras en herramientas de transporte de materia prima, soldados, carbón o víveres, y por lo tanto en objetivos bélicos», explica Josep Maria Castellví.

El vapor británico Perim, naufragado el 21 de octubre de 1917 cerca del cabo de Salou. FOTO: Col•lecció J.M. Castellví

«Durante la Primera Guerra Mundial, buena parte de los pecios cercanos hundidos en estas aguas fueron en cotas poco profundas, de entre 52 y 105 metros, accesibles actualmente a la exploración humana», indica el experto submarinista. Él mismo detalla que, en total, se reúnen una docena de naufragios de aquel período, hasta los 200 metros de profundidad. «Ningún otro punto de la costa catalana tiene esta concentración de restos al alcance en aguas someras. Todos estos barcos los he identificado y documentado, y la mayor parte de ellos (hasta 100 metros de profundidad) los he explorado para contrastar los datos documentales», asegura Josep Maria Castellví, quien menciona especialmente el Cavour, una de las naves más famosas de aquel período que se hundió delante de las costas de l’Ametlla de Mar, en 1917. Se encuentra a 2 millas de la costa y a unos 52 metros de profundidad.

Otros conflictos

La Guerra Civil también dejó pecios de barcas por toda la costa, «de las que no resta nada reconocible», constata el especialista en submarinismo e historiador, y los restos que quedan del barco Navarra (torpedeado por un submarino el 8 de febrero de 1937), cerca de la superficie delante de la desembocadura del río Gaià, que fue desballestado».

Rememora Castellví que, durante la Segunda Guerra Mundial, en nuestra costa se vivieron dos ataques a barcos alemanes, que resultaron hundidos. Uno fue el vapor Nicoline Maersk, hundido por el destructor francés La Fantasque, en diciembre de 1943, y otro el vapor Kilissi, hundido por aviones de la RAF, en marzo de 1944, todos cerca de la desembocadura del río Ebro.

Un Hawker-Hurricane-Mk IIc, de la RAF (Royal Air Force) como éste se perdió accidentalmente en el mar del Ebro, el 22 de abril de 1943. FOTO: Col•lecció J.M. Castellví

Del mismo conflicto son conocidos también los restos de un bombardero alemán Heinkel 111, delante de la Punta de la Móra a 30 metros de profundidad. «El avión, que reposaba en un fondo de 200 metros, fue remolcado accidentalmente por una barca de pesca a finales de los años 70, hasta el lugar donde se encuentra ahora. Hasta mi estudio, se creía que era un avión de la Legió Condor de la Guerra Civil», explica.

Una actividad en auge

Esta colección de tesoros bajo el agua atrae a curiosos submarinistas que, durante todo el año, pueden disfrutar de visitas guiadas a algunos de ellos. Inmersiones organizadas por centros acreditados por la Generalitat de Catalunya. Sergio Gan, director técnico de la empresa Mar de Hielo (Tarragona) explica que «también es interesante observar la fauna marina que alrededor se crea». «En Tarragona, tenemos un fondo marino de arena y fango, y en el momento en que yace una estructura metálica o de madera se generan biotopos submarinos», explica el especialista.

Un grupo de submarinistas se prepara para realizar una inmersión con la empresa Mar de Hielo. FOTO: Pere Ferré

Mientras, Jordi Rom, gerente de la Estació Nàutica de la Costa Daurada, destaca que «el submarinismo es una de las actividades cuya demanda va creciendo, porque estamos en un territorio privilegiado y porque, además de los pecios, contamos con prados de posidonia que son una fuente de vida para diferentes especies marinas, donde pueden alimentarse, reproducirse y crecer». Él mismo destaca que otra de las actividades, «única en el mundo», es la oportunidad de bucear a pocos centímetros de cientos de atunes practicando el Tuna Tour Diving. Todo ello, en palabras de Jordi Rom, «hace del litoral tarraconense una zona de incalculable valor subacuático».

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