«Prefiero un hijo sin estudios y sano que uno culto y enfermo»

Cadena humana. 120 familias del grupo ‘10 a fora, 10 a l’aula’ reclaman en la Rambla Nova bajar las ratios y más profesores para ganar en seguridad

Raúl Cosano

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Varias familias con globos, en una parte de la cadena humana, ayer en la Rambla Nova.  FOTO: ALBA MARINÉ

Varias familias con globos, en una parte de la cadena humana, ayer en la Rambla Nova. FOTO: ALBA MARINÉ

Laura Calatayud es profesora de Secundaria en el Institut Domènech i Montaner de Reus. «En mi grupo hay 35 alumnos. En algunos casos se han reducido las ratios pero en otros no y no hay sensación de seguridad», admite Laura, que también es madre de una niña que hace P-5 en la Escola Tarragona, en una clase de 25.

Sostienen una hilera de globos de colores que les une, aunque manteniendo la distancia social, con otros padres y madres –y otros docentes– en esta protesta a cargo del grupo ‘10 a fora, 10 a l’aula’, junto al Balcó del Mediterrani. Unas 120 familias –alrededor de 300 personas– forman esta cadena humana en la Rambla Nova, desde el Monument Roger de Llúria, hasta la altura del Moto Club. El objetivo es evidenciar el descontento y la disconformidad con un inicio de curso que, según ellos, no cumple con las medidas de seguridad y supone un riesgo de contagios para sus entornos vulnerables, abuelos incluidos.

El enfado es bien palpable. «La culpa no es de los profesores, que hacen lo que pueden, sino de la administración, de la gestión política», explica Raymí Morales, madre de un niño de cuarto de Primaria que va a la escuela Arquitecte Jujol, en Els Pallaresos. Cerca de una pancarta que dice ‘Bargalló, feu els deures’, en alusión al conseller d’Educació de la Generalitat, Raymí se queja de una ratio de 26 en el grupo de su hijo y añade: «No se ha hecho lo suficiente. ¿Por qué no se han destinado más recursos a la seguridad de nuestros hijos»?. Entre los progenitores, hay miedo y preocupación. «A mí me están haciendo pruebas cardiovasculares. Soy de riesgo», cuenta el padre de familia. Raymí es contundente: «Sabemos que la educación es muy importante pero la salud también. Prefiero tener un hijo sin estudios pero que esté sano que uno muy culto y enfermo». Dentro del grupo hay padres que han decidido no llevar, por el momento, a su hijo a clase, si bien una mayoría ha preferido hacerlo, pese a los temores. «Hay de todo. Yo he decidido llevar a mi hija a clase, porque creo que la socialización es importante, pero eso no quita que reivindiquemos una educación con seguridad y garantías», expone Carlos Alcalde, padre en la Escola Cèsar August, en Tarragona. Noé Muñiz, profesor en el Domènech i Montaner de Reus, también habla de ratios de hasta 35 en Secundaria y de refuerzos insuficientes de profesores. «No se han hecho las cosas como se debía. La sensación es que el profesorado ha comenzado el curso ya en tensión, casi al límite, cuando esto no ha hecho más que empezar», explica Noé. El grupo se autodenomina ‘10 a fora, 10 a l’aula’, en referencia a que «es incoherente que para la población en general el límite de reunión sea de diez personas y en el aula se pueda llegar hasta 30».

La plataforma tarraconense reclama «respetar el mismo principio de precaución» que la propia Generalitat fija en las reuniones de grupos: «Las ratios deben estar más cerca de los 10 alumnos que de los 30 que hay ahora en secundaria o de los 20 en primaria». También piden que «la bajada de ratios vaya acompañada de la dotación de personal y recursos proporcional y adecuada, no sobrecargando a los profesores ya contratados».

Otra de sus reivindicaciones es que, como mínimo, mientras dure la pandemia, se aplique la jornada continuada de 9 a 14h las clases y de 14h a 16.30 el comedor. «Llevamos años luchando por esto y pensamos que ahora es el momento clave para implantar la jornada continua», cuentan Kate Ford y Jonathan López, de Els Pallaresos, y miembros de una iniciativa que persigue la intensiva: «Supone pasar de cuatro entradas y salidas al centro a dos, se reducen las aglomeraciones y toda la movilidad añadida a las escuelas». «Las medidas de seguridad no son reales, se han hecho para cumplir con el expediente», indica Conchi González, otra mamá, antes de que un aplauso ponga fin a la protesta que dejó para los organizadores un buen sabor de boca: «Que en esta situación de restricciones reunamos a esta gente es algo positivo que sirve para visibilizar nuestra lucha».

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