Las terrazas en la calle Sant Pere de TGN consiguen dignificar el interior de El Serrallo

No hay coches aparcados y, a partir de las siete de la tarde, se prohibe la circulación de calles. Se trata de una prueba piloto para la futura semipeatonalización del barrio marinero

CARLA POMEROL

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Así es la terraza de uno de los restaurantes de la calle Sant Pere. FOTO: PERE FERRÉ

Así es la terraza de uno de los restaurantes de la calle Sant Pere. FOTO: PERE FERRÉ

Hace un mes que en la calle Sant Pere de El Serrallo ya no hay coches aparcados. Ahora, a partir de las siete de la tarde, la calle se cierra a la circulación de vehículos y cuatro restaurantes sacan su terraza al exterior. La medida fue aprobada por el Ayuntamiento con el fin de ayudar al sector de la hostelería tras la pandemia de la Covid-19. Vecinos, restauradores y Ayuntamiento coinciden en que la iniciativa ha sido un acierto y que ha conseguido dignificar las calles interiores del barrio marinero.

El Serrallo lleva años reivindicando la semipeatonalización de algunas calles, como se hizo en la calle Espinach. Los vecinos defienden que si se eliminan los coches estacionados y se regula la circulación, el interior del barrio será más amable y podría ser un reclamo turístico para la ciudad. El Ayuntamiento se ha comprometido a hacer realidad esta petición. Para algunos, cortar la calle Sant Pere y sacar las terrazas al exterior es una prueba piloto del que se espera que sea esa calle en un futuro no muy lejano.

Los restaurantes solicitaron hace semanas poder poner la terraza en la calle, tal como hacían algunos bares de las calles Fortuny, Governador González o en el Cós del Bou. En el caso de El Serrallo, el proceso fue más farragoso y el Consistorio pedía el visto bueno de los vecinos. No fue problema. La asociación de vecinos del barrio convocó una reunión y por unanimidad se aprobó la petición.

Las condiciones fueron que los mismos restauradores se encargaran de instalar unos bolardos para cortar la circulación a partir de las siete de la tarde, prohibir el aparcamiento y que se respetara ante todo el descanso vecinal. Un acuerdo entre vecinos y restaurantes, beneficioso para todos. «Creíamos que era necesario pactar un poco las condiciones. Los vecinos han respondido muy positivamente. La intención era garantizar la convivencia y lo hemos conseguido», explica el presidente de la Associació de Veïns del Serrallo, David Martín, quien añade que «además, esto puede ser una prueba piloto de lo que en teoría vendrá con la peatonalización de algunas calles».

Menos conflictividad

La realidad es que las terrazas en la calle San Pere han devuelto la vida a la parte interior del barrio. Durante los últimos años, la convivencia en esa zona se ha complicado. La problemática se centra en un edificio, prácticamente ocupado en su totalidad. Lo cierto es que la sensación de inseguridad ha quedado difuminada con la llegada de estas terrazas. Más luz, más gente y más ambiente. Ingredientes perfectos para empezar a poner fin a los episodios conflictivos a los que estaban acostumbrados los vecinos.

«Tenemos la sensación de que estamos, poco a poco, recuperando El Serrallo de siempre», decía Anna, una vecina de la calle Sant Pere, quien añadía que «hasta ahora, esta calle estaba a oscuras, apenas se podía andar por la acera y daba respeto pasar sola. Como ha cambiado la cosa en tan solo un mes. Estamos contentos». Y esta es la tónica de la mayoría de vecinos.

Llamada al comercio

Son cuatro los restaurantes que han sacado sus terrazas al exterior. Òscar Garcia es copropietario de dos de ellos, de El Taller y de El Crank. «El mismo barrio y sus vecinos son los primeros que desean que esta calle sea semipeatonal», explica Garcia, quien está convencido de que la iniciativa ha sido un acierto. «La calle está más limpia, es más ancha y cuenta con mejor visibilidad, y es más bonita. Por la noche, ponemos luces y césped artificial», explica Garcia. Los restauradores tienen el compromiso de respetar el descanso de los vecinos. Por eso, entre semana, la terraza se recoge a las doce de la noche y, los fines de semana, a la una. Además, en el caso concreto de los locales de Garcia, «no aceptamos mesas más grandes de cuatro, para evitar jaleo».

También se han vuelto semipeatonales calles como la de Governador González. FOTO: Pere Ferré

Los restauradores de El Serrallo hacen dos llamamientos claros. El primero, que la medida de sacar las terrazas fuera se alargue más allá del 30 de septiembre, tal como lo contempla el decreto que firmó el gobierno municipal. La segunda petición –que a la vez es un deseo– es que el interior de El Serrallo se llene de tiendas y comercios. «Si es así, la calle Sant Pere dejará de ser una calle para convertirse en una rambla», apunta García.

Manolo Oliveira es propietario del restaurante A bordo, también en la misma calle. «Con esta iniciativa, estamos consiguiendo que los clientes no solo vean como una oferta los locales de voramar. Demostramos que también hay buenos restaurantes en el interior», explica Oliveira, quien monta cuatro mesas fuera. «Después de recibir el distintivo de Vila Marinera, creemos que este es el primer paso para transformar El Serrallo y llenarlo de atractivo. Todavía más del que tiene», añade Oliveira.

En esta misma línea se muestra Òscar Lafuente, propietario de La Xarxa, el otro local de la calle Sant Pere. Este restaurante no abría por las noches. Ahora, con la posibilidad de la terraza, sí lo hace. «Ha sido un cambio radical. Más audiencia, más movimiento. Una calle que antes era tenebrosa y ahora da gusto verla. Ojalá se pudiera prorrogar la medida», dice Lafuente.

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