La ‘serrallenca’ que trabaja en un mundo de hombres

Rosa Sans, secretaria de la Confraria de Pescadors. Es la mayor de cuatro hermanos y, justo por eso, la familia y el barrio la conocen como ‘la gran’

CARLA POMEROL

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Rosa Sans, ayer, esperando la llegada de las embarcaciones. FOTO: P.Ferré

Rosa Sans, ayer, esperando la llegada de las embarcaciones. FOTO: P.Ferré

La exconcejal Begoña Floria llamó una mañana a la secretaria de la Confraria de Pescadors, la serrallenca Rosa Sans. «Me llamó por teléfono para decirme que había sido escogida para recibir el Diploma al Mèrit Cívic. El reconocimiento era haber trabajado por Tarragona. Yo le contesté que no lo entendía, que nunca había hecho nada por esta ciudad, que apenas estaba. ¿Cómo que no? Me dijo. Y la concejal añadió: ¿Pero dónde vives tu? A lo que yo contesté: Claro, no había caído. El Serrallo es también Tarragona». Esta es la anécdota que explica Sans y que deja claro cómo ve ella el barrio que la ha visto crecer. 

Empecemos por el principio. Rosa Sans Sans nació en el Hospital de Santa Tecla hace ahora 56 años. Sus abuelos, tanto maternos como paternos, eran pescadores. Su padre y sus tíos también. «Tengo la sangre completamente salada», explica. Sans es desde hace veinte años la secretaria de la Confraria de Pescadors de Tarragona, o lo que es lo mismo, la mano derecha del presidente. Es una mujer en medio de un mundo lleno de hombres. Una valiente.

Su padre es del Po, y su madre de casa Marcos, renombres típicos del barrio marinero. Sans es la mayor de cuatro hermanos. Su familia y el barrio la conocen como la gran. Y es que fue la primera nieta y sobrina. «Cuando era pequeña, vivíamos en un bloque en la calle Sant Andreu y todos los vecinos me conocían así. Si voy por la calle y me llaman Rosa, casi nunca me giro», asegura. Estudió en la calle del Mar y con tan solo 17 años conoció a su marido, otro serrallenc, también pescador, por no romper con la tradición. Se casaron y tuvieron dos hijas: Rosa y Maria. 

Sans asegura que el barrio le ha influido mucho en su forma de ser. «Somos diferentes a los tarraconenses», sentencia. Explica que a los vecinos les ha costado habituarse a la evolución que ha sufrido El Serrallo en los últimos tiempos. «Antes nos conocíamos todos. Dejábamos las puertas de nuestras casas abiertas y no pasaba nada. Ahora, no nos atrevemos», asegura Sans, quien añade que, a pesar de ello, el barrio ha sabido conservar las tradiciones. «Nos dicen que los jóvenes no se implican en el barrio, pero yo creo que, cuando forman una familia y tienen hijos, les gusta recuperar sus raíces», comenta Sans, esperanzada. 

Objetivo: feminizar la mar

Con 14 años empezó a trabajar en la tienda de ropa más conocida del barrio, el Rioné –cerró hace años–. Después, trabajó en Agrupesca, la asociación de pescaderos y, por último, como secretaria de la Confraria de Pescadors. «Es curioso, pero nunca he trabajado más allá de los dos puentes que separan El Serrallo del resto de la ciudad», asegura Sans, quien confiesa que nunca le ha hecho falta hacer ningún currículum. «Siempre me han venido a buscar a casa», añade.  

La protagonista explica que, al principio, ni a su padre ni a su marido les gustaba que trabajase allí. «Me decían que cuando los pescadores se enfadan, siempre entran en la Confraria gritando. Y que ellos no podrían soportar ver como me hablaban mal, que se pelearían con sus amigos», relata. Y es que hace 20 años era extraño encontrarse una mujer en ese ambiente. «Antes, este mundo era muy machista. La cosa ha cambiado», explica Sans. La mayoría de pescadores le han visto nacer y crecer. «Yo sé muy bien cómo tratarlos. ¡No ves que lo he vivido en casa!», bromea Sans.

Su trabajo es dirigir al personal y hacer de nexo de unión entre las administraciones y los pescadores. Ahora, su objetivo es feminizar la mar. Prueba de ello es la gran cantidad de carteles que hay en la Confraria con este mensaje. Sans forma parte de la junta de la Associació Catalana de Dones de la Mar, que trabaja para dar a conocer a aquellas mujeres que siempre han estado vinculadas a la pesca. Como por ejemplo su madre y sus abuelas. «Ellas no sufrían los temporales, pero estaban al frente de la empresa. Eran las encargadas de hacer las cuentas y de hacer las gestiones con capitanía», asegura. 

Sans es una mujer fuerte y valiente. Ganó la partida al cáncer hace más de diez años. Quien la conoce asegura que mira antes por la felicidad de los otros que por la suya. 

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