La segunda ola golpea a las residencias de Tarragona con más casos graves y muertes

Los geriátricos, mucho mejor preparados, se blindan ante una situación que se complica: los fallecimientos y los ingresos se disparan en el último mes ante el avance del virus en el exterior

Raúl Cosano

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Residentes, en el exterior de una residencia, con barreras de separación. FOTO: ACN

Residentes, en el exterior de una residencia, con barreras de separación. FOTO: ACN

«De momento estamos aguantando, pero nos preocupa la situación que se pueda generar fuera y que se traslade dentro de las residencias. Todos sabemos que si el índice de rebrote es tan alto la posibilidad de que el virus entre en las residencias es más alta, y entonces podemos sufrir mucho y pasarlo mal», reconoce la tarraconense Cinta Pascual, presidenta de la Associació Catalana de Recursos Assistencials (ACRA), la patronal de las residencias. Hay una situación de calma tensa, combinada con una inquietud por el aumento de casos. «Nos preocupa el otoño, la gripe y que no pare el contagio en el exterior», indica Pascual sobre las residencias, unos equipamientos mucho mejor preparados ahora que hace siete meses pero igualmente vulnerables.

De hecho, la segunda ola ya está golpeando a residencias de Tarragona, con diferentes brotes en el territorio e incluso con intervención de la Generalitat en centros como Calafell Park o Les Vinyes, en Falset. Pero más allá de esos brotes, que afectan a trabajadores y residentes, la incidencia del SARS-CoV-2 está creciendo. «Hemos detectados que en las últimas dos semanas se han disparado los casos en residencias. Estamos registrando más casos de manera paralela a la escalada que hay en el ámbito comunitario», admite el secretario general de Salut, Marc Ramentol.

Crecimiento exponencial

Los datos de la plataforma DadesCovid.cat son inquietantes y confirman un incremento tanto de las hospitalizaciones como de las defunciones. Del 18 al 24 de octubre hubo 14 ingresos en hospitales procedentes de residencias y diez fallecimientos. En la misma semana pero de septiembre, solo un mes antes, justo cuando se abrían los colegios, el saldo fue de dos ingresos y una muerte.

La evolución muestra un agravamiento en las últimas semanas, con un crecimiento exponencial tanto de ingresos como de decesos, que pone fin a un verano tranquilo en el que apenas hubo muertos provocados por la pandemia. «Prevención y más prevención, hay que apostar por eso», añade Pascual, que trabaja para seguir blindando estos centros, en una situación más o menos delicada pero todavía muy lejos de las aterradoras cifras de la primera ola, cuando se llegaban a registrar hasta 40 muertos a la semana (hoy la cifra ronda los diez).

"Nos preocupa el otoño, la gripe y que los índices de contagio en el exterior no paren"

«Pedimos poder hacer ya cribados y test de antígenos», cuenta Cinta Pascual. Salut ha impulsado un protocolo para realizar cribados con PCR. A partir de ahí se priorizarán las pruebas en aquellos equipamientos de zonas con incidencia más elevada o allí donde la diferenciación de circuitos es más complicada y, por tanto, hay más riesgo de diseminación.

A estas alturas, las residencias han conseguido encarar esta ola con más garantías. «Hemos hecho mucho trabajo durante estos meses. Trabajamos con unidades más pequeñas, conviven menos personas en un mismo espacio. Un profesional atiende a 10, por ejemplo, y cuida muy bien esa unidad convivencial. Eso hace de cortafuegos», cuenta Cinta Pascual. Espacios más pequeños y más separaciones físicas marcan la nueva fisonomía de estos edificios. Ahora se refuerza esta sectorización, con espacios bien diferenciados, con accesos distintos, incluso en los vestuarios y las zonas de descanso del personal.

Preocupan los centros blancos

A Salut le preocupan especialmente las llamadas residencias blancas, que son aquellas que no han sufrido ningún caso o muy pocos a lo largo de la pandemia, de forma que sus residentes son altamente susceptibles de contraer la Covid-19 por no disponer de respuesta inmunitaria.

Las demandas son largas, a pesar de que el sector se siente ahora más protegido. «Estamos mejor atendidos, el propio Departament de Salut sabe que somos de riesgo y vulnerables, con pacientes con pluripatologías. Pero siguen faltando médicos y enfermeras en toda Catalunya y nosotros somos quienes más lo sufrimos. El Departament de Salut ha presupuestado una ampliación pero falta que ahora la implemente», cuenta Pascual.

La representante de las residencias sostiene que los ratios están lejos de lo que Salut propuso: un médico por cada 450 pacientes y un enfermero por 250.

Otro enfoque: la edad media de los contagios está subiendo. La franja de 10 a 19 años sigue siendo la que más casos recientes acumula en el Camp de Tarragona y las Terres de l’Ebre, pero poco a poco el virus vuelve a llegar a población vulnerable. «A día de hoy tenemos 1.087 residentes de geriátricos confirmados por coronavirus. El 12% de las residencias de Catalunya tienen algún contagio. En las UCIS, hay ya 133 personas que provienen de las residencias», comenta Ramentol.

Un total de 53 residencias de ancianos (el 5,1% de las 1.048 que hay en Catalunya) están en una situación grave de coronavirus, diez más que hace una semana, según datos del Salut. Otros 58 geriátricos –12 más que hace siete días– tienen contagiados pero son casos controlados y están en fase de estabilización, mientras que la gran mayoría, 937, es decir, un 89,4% de todas las residencias, están libres del virus.

Cribados en trabajadores

Una de las cosas que Cinta Pascual ve imprescindibles para garantizar que no se repita la situación vivida al inicio de la pandemia es asegurar un buen cribado entre todos los trabajadores de los centros residenciales, ya que mientras que los residentes no pueden tener ninguna fuente de contagio dentro del espacio, los profesionales sí que entran y salen de las instalaciones. En este sentido, Pascual pide garantizar que se hagan pruebas periódicas a todos los trabajadores para evitar que «entre» el coronavirus en las residencias y que se esparza «como una mancha de aceite». ACRA pide mantener las visitas de familiares, porque son necesarias, siempre que se hagan con garantías.

En las residencias de Tarragona, la media de edad de los positivos detectados es de 84 años. El 70% son mujeres, debido a que la mayor longevidad femenina hace que ellas sean las que ocupan, en su mayoría, las plazas.

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