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¿Es normal esperar 35 minutos para recargar el bonobús?

Crónica. Paciencia y tiempo son los dos requisitos indispensables a la hora de afrontar la larga cola en la oficina de la EMT de la estación de autobuses

Carla Pomerol

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Así es la cola que se forma en el Centre d’Atenció al Client, en la Plaça Imperial Tarraco. Foto: Pere Ferré

Así es la cola que se forma en el Centre d’Atenció al Client, en la Plaça Imperial Tarraco. Foto: Pere Ferré

Volver de vacaciones es sinónimo de recargar el bonobús, que me permite transportarme de casa al trabajo sin necesidad de coger el coche. Después de una semana de vacaciones, el bono de la EMT había caducado y tocaba renovarlo. Así que salí del Diari diez minutos antes de lo habitual para hacer la gestión. Eran las dos menos diez del mediodía, cuando me situaba en la eterna cola del Centre d’Atenció al Client, ubicado en la estación de autobuses de la Plaça Imperial Tarraco.

Delante de mí había unas trece personas y, al cabo de dos minutos, otras trece detrás. No paraba de llegar gente. La puerta del centro de atención, que es automática y corredera a la vez, no se cerraba nunca porque siempre había alguien en medio. La cola no era dinámica y todo indicaba que llegaría tarde a comer.

«¿Pero qué está pasando? ¿Cómo puede ser que la chica de delante mío lleve más de un cuarto de hora haciendo gestiones? Esto debería ser más ágil. Así, a cualquiera se le quitan las ganas de ir en autobús», decía una mujer rubia, visiblemente enfadada. En el interior de la caseta, un niño de unos ocho años decidía aprovechar el tiempo mientras su madre estaba en la cola. Se tumbó en el banco y se echó una siesta.

Desde que llegué al lugar hasta que una amable trabajadora me atendió pasaron un total de 35 minutos. Me pareció una eternidad, después de ver cómo los usuarios iban perdiendo la paciencia poco a poco. La situación se repite día sí y día también. La cola es tan larga que algunos usuarios deben esperar fuera de la estación de autobuses. Otros, al ver la cantidad de gente, deciden irse y volver otro día. «Llevo tres días seguidos entrando y saliendo. No puedo perder casi una hora de mi día haciendo cola», explica Toni, un tarraconense.

Puntos de recarga

¿El problema es que hay pocos puntos habilitados para recargar los bonos? Hagamos un recuento. En el vestíbulo de la estación de autobuses se encuentra el Centre d’Atenció al Client. Está abierto desde las nueve de la mañana hasta las ocho de la tarde, de lunes a viernes. En la misma estación se encuentra el Punt d’Informació que, durante los meses de verano, cierra por la tarde. Años atrás, en esta caseta también se recargaban bonos. Parece ser que ahora no hay suficiente personal para cubrir ambos puestos y, como resultas, la cola se ha duplicado.

Por otro lado, también se puede hacer la gestión en una oficina de la calle Soler. El horario es de nueve de la mañana a tres de la tarde. La última opción de recarga es en algunos quioscos y estancos de la ciudad.

Mes complicado

Detrás del mostrador del Centre d’Atenció al Client de la Plaça Imperial Tarraco hay dos trabajadoras que atienden, con infinita paciencia –también–, a los usuarios. Su jornada laboral es intensa, no hay respiro que valga.

Con el inicio del curso escolar, la situación se agrava. Muchos usuarios se acercan a la caseta para informarse sobre las condiciones y precios de los títulos.

Sea como sea, o la Empresa Municipal de Transports se pone las pilas o los tarraconenses nos veremos obligados a coger el coche.

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