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Emilio Morenatti: "La crisis de los refugiados es la guerra más cruel del momento"

Este fotoperiodista especializado en zonas de conflicto, va con su cámara y arranca la «belleza que hay en el drama y en la miseria». Unas imágenes con las que intenta provocar una reflexión en el que las observa

Glòria Aznar

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El fotoperiodista Emilio Morenatti, en el exterior de la Antiga Audiència de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

El fotoperiodista Emilio Morenatti, en el exterior de la Antiga Audiència de Tarragona. FOTO: Pere Ferré

Las imágenes del fotoperiodista Emilio Morenatti (Zaragoza, 1969) muestran al mundo realidades de países en conflicto. Fotógrafo de la agencia Associated Press (AP), fue secuestrado en Gaza, y en Kandahar (Afganistán), sufrió un atentado cuando iba con las fuerzas militares estadounidenses a consecuencia del cual perdió un pie. Estuvo recientemente en Tarragona hablando de su profesión en el ciclo Experiència de Periodista organizado por el Col·legi de Periodistes.

¿Cuál ha sido el último conflicto que ha cubierto?
El de casa. Vengo de hacer conflicto ahora. 

¿Y fuera de ella?
El conflicto ha cambiado. Ya no es el que tuve la suerte de empezar a hacer la primera vez que me mandaron a Irak o Afganistán y luego por Oriente Medio.

¿En qué sentido?
En que ahora es una cobertura casi virtual. Ya no vamos empotrados como antes con las patrullas. El miedo al secuestro ha hecho que las empresas como la mía se echen atrás a la hora de mandar al fotógrafo. La situación se ha convertido un poco en buscar la seguridad del periodista y esto va en detrimento de la calidad final del producto porque el fotógrafo debe ser de oler, de intuición y si va con un grupo de televisión y de texto en un coche blindado, no es lo mismo. Y esto es lo que ocurre.

¿Dónde?
En Siria, en Libia. Y de alguna manera hace que el fotógrafo tenga poca autonomía. 

¿Qué hace que un conflicto y no otro tenga una portada?
Hay un interés internacional por parte de los medios que mandan a sus corresponsales a cubrir lo que está pasando. Por eso el de Afganistán o el de Irak eran tan mediáticos. Pero ahora eso está en un segundo plano, el interés no viene por parte de una potencia. Están las coaliciones, las luchas globales y hace que se diluya. Esto, unido a la gran cantidad de conflictos que hay en el mundo y el miedo al secuestro.

Usted fue secuestrado en Gaza, ¿trabajó con miedo después?
No. Tengo el miedo de cuando te hieren una vez y te hieren fuerte, pues ya no eres imbatible. Uno pensaba en un momento determinado ¿por qué me va a tocar a mí? Pues te toca.

Fue herido en Afganistán.
Fue un ataque muy bestia. Los soldados que estaban al lado, mutilados. Yo, mutilado. He fotografiado soldados, heridos de guerra mutilados de piernas y brazos y luego yo he sido uno de ellos y esto es algo que uno no se imagina cuando está trabajando. Pero no quiere decir que tires la toalla porque después cubrí la mayoría de la Primavera árabe. Lo haces con un poco más de cuidado pero no por el accidente sino porque ya tienes hijos en el mundo y eso  te hace pensártelo dos veces.

Ha trabajado con los refugiados. ¿La foto de Aylan en la playa removió conciencias?
Sí. De hecho, estamos hablando de ella, siempre se habla de esta imagen, se le está poniendo imagen al conflicto. Esto es lo bueno, es nuestra misión. Lo que luego haga Europa o un político ya no es asunto mío, pero la obligación del periodista o del fotógrafo es mostrarlo. 

Imágenes como esa, ¿cuántas veces le acompañan?
Intento no llevarme a la cama el drama que uno observa, ve y fotografía porque creo que no te podrías recomponer para hacer bien el siguiente. Es un trabajo con una responsabilidad muy alta, pero te lo tienes que tomar como una profesión en la que hoy vas a contar un poco el drama de un lugar y vas a intentar dar lo máximo de tu talento para que esa imagen provoque una reflexión. No remover conciencias, yo no quiero remover conciencias.

¿Cómo es su trabajo con los refugiados?
He ido dos o tres veces con ONG a rescatar gente al Mediterráneo y para mí ha sido primera línea. No estaban cayendo misiles, pero estaba muriendo gente porque no llegaba la barca a tiempo de socorrerlos y morían ahogados. Y nos ha pasado que hemos intentado llegar a una barca y nos habían dado el aviso mucho más tarde, por lo que encontramos cuerpos flotando. De bebés, de mujeres, de hombres que iban en barcas hinchables y que naufragaron. La crisis de los refugiados ahora mismo es la guerra más cruel que se está viviendo porque son fronteras que se cierran a gente que quiere salir, que quiere huir de la guerra y que estos de acá deciden, este sí, este no.

¿Qué les diría a los que no los quieren?
Cuando uno viaja y se mete en lugares que no son donde hay mucha riqueza sino todo lo contrario, te das cuenta de que uno ha nacido donde ha nacido por pura suerte y si tú te crees que el hecho de nacer en un sitio te da alas para enarbolar una bandera y defender tu territorio es que has viajado poco, que has reflexionado poco. Cuando compartes otros mundos con otras personas y otras realidades y ves que hay gente exactamente igual que tú que no tiene derecho a tener un pasaporte para salir de su territorio entonces te das cuenta de que hay algo que funciona mal, cuando la gente cree que eso se llama patriotismo. La fórmula que estamos usando es equivocada.

De todas sus fotos, ¿con cuál se queda?
De las que he tomado, la que más me ha sobrecogido fue la del nacimiento de mi hija. Eso sí que está por encima de cualquier cosa porque es tu realidad.

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