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El independentismo presume de músculo

Más de mil personas participaron este lunes en una caminata reivindicativa desde el centro de Tarragona a la prisión de Mas d’Enric

Núria Riu / Iñaki Delaurens

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Imagen de la caminada de casi 6 kilómetros que tuvo lugar este lunes desde el Campus Catalunya de la URV hasta Mas d’Enric, concretamente subiendo a SPiSP.  FOTO: Alba Mariné

Imagen de la caminada de casi 6 kilómetros que tuvo lugar este lunes desde el Campus Catalunya de la URV hasta Mas d’Enric, concretamente subiendo a SPiSP. FOTO: Alba Mariné

El Independentismo no recula una semana después de conocerse la sentencia del Tribunal Supremo. De hecho, hay un colectivo que sigue completamente enchufado, que es el de la gente entre 50 y 60 años, que durante muchos años ha sido el motor del movimiento y que sigue ejerciendo de caballo de tiro. Suman tantos años de concentraciones, cadenas humanas y marchas, que incluso han ganado forma física. Y una prueba de ello es que este lunes conseguían recorrer los casi seis kilómetros, entre la Avinguda Catalunya y la prisión de Mas d’Enric, en poco más de una hora. 

Es el recorrido que hacían este lunes por la tarde, en una convocatoria que tenía como objetivo visitar la cárcel en la que está encerrada la expresidenta del Parlament, Carme Forcadell, y en la que desde el sábado también se encuentran los jóvenes Laura Solé y Joan Tortosa. 

Carmen y Antoni intentan no perderse ninguna de las movilizaciones del Procés. Una lesión en la rodilla impide que él pueda caminar marchas largas, pero esto no le ha amedrentado ni ha hecho que se quede en casa. Ahora esta pareja sale con la bicicleta. Ambos son pensionistas e intentan seguir la agenda de convocatorias en todo lo que pueden. Sobre los incidentes de la semana pasada, consideran que «al Estado se le ha ido la cabeza». Los vieron en primera persona el martes, en la Plaça de la Imperial Tarraco, cuando participaron en el acto con velas, que acabó en la primera de las cuatro noches consecutivas de destrozos y porrazos en Tarragona.

Este matrimonio de Vila-seca defiende que «es bueno que los jóvenes cojan el relevo». Aunque esto no hace que se miren con cierta preocupación lo que puede pasarles a las personas que han sido detenidas. «Es que si a los Jordis, sin ninguna violencia les han condenado a nueve años de prisión, no puedo ni imaginarme qué les espera. Estamos delante de David contra Goliat», seguían defendiendo.

Carmen y Antoni son de la opinión de que el suflé que se ha generado desde el lunes día 14, y que en las semana previas ya se respiraba en el ambiente, seguirá aún algún tiempo. «Hasta que no se vean cambios, nosotros tampoco aflojaremos y ahora mismo no veo a ningún político dispuesto a coger la batuta», añadía esta pareja.

Una patrulla de los Mossos d’Esquadra abría la marcha, mientras la Guàrdia Urbana se encargaba de regular el tráfico. En su inicio, en el Campus Catalunya, había poco más de 200 personas. Y a medida que iba avanzando hacia la Avinguda Rovira i Virgili y la zona de Sant Pere i Sant Pau, empezaban a sumarse participantes.

Gente mayor, familias, perros, carritos e incluso grupos de amigos que se han formado después de tantos años de movilizaciones. Entre estos últimos. de lo que más se hablaba era sobre la situación en la que queda ahora el Procés. «Llevamos nueve años de manifestaciones en las que no hemos tirado ni un papel al suelo. Se ha acabado esto de ir con el lirio en la mano. Ya hemos visto que todo esto no nos ha servido de nada y la sentencia ha sido el punto de inflexión para mucha gente. Las revoluciones se hacen así y en todas ellas ha habido víctimas», aseguraba una de las mujeres que encabezaba la marcha, que, con los palos de caminar en la mano, avanzaba con paso firme y veloz.

Cuando pasaban pocos minutos para las siete de la tarde, la columna llegaba a las inmediaciones de Mas d’Enric, en el municipio de El Catllar. Decenas de vehículos ya estaban aparcados en la calzada. Eran los que habían ido en coche, ya sea por motivos laborales, cansancio o miedo a no poder aguantar. 

Crece la intensidad

Òscar Cid, el saxofonista de Mas d’Enric, recibía a los caminadores  en las puertas de la prisión a ritmo de la Bella Ciao. Los concentrantes se encontraron con la primera puerta de acceso cerrada, lo que les impedía llegar hasta la zona del aparcamiento. Ya era negro oscuro y aún seguía llegando gente. Dos pancartas se situaban delante de las rejas. En una podía leerse: «Llibertat preses polítiques. Laura, David, Joan i Carme». En la otra: «Joan Tortosa, ‘Pep’, et volem a casa». 

Los gritos de «no esteu soles» incrementaban de intensidad antes de dar paso a la canción de L’estaca, que iluminó todo el camino de acceso a la entrada de la cárcel con las luces de los cientos de móviles de los allí concentrados. 

Alrededor de unas mil personas seguían allí concentradas cuando los familiares de Joan Tortosa eran los encargados de dirigirse a los allí presentes. «Sin vuestro apoyo y vuestra fuerza sería imposible de aguantar, pero no nos vencerán», decía la tía del joven del Pont d’Armentera encarcelado desde el sábado. 

A continuación era el turno de una de las amigas y compañera de trifulcas de ‘Pep’, que es el nombre con el que lo conocen sus compañeros. «Han encerrado al más bueno y nosotros no se lo perdonaremos así como así», decía.

Llegaba el turno del padre. Con los nervios y la emoción a flor de piel, a duras penas podía dirigirse a los allí presentes, que poco a poco se iban contagiando de las lágrimas del progenitor. «Es impresionante todo esto», era una de las pocas frases que conseguía articular Tortosa.

Los allí presentes recibían noticias de última hora sobre el estado de Laura Solé, que fue detenida el jueves por la noche. Lo hacían a través de la llamada que ésta hacía a su hermana Sílvia, que estos días se ha convertido en su voz en el exterior. «Acabo de hablar con ella y estaba bien. Saben que nos estamos moviendo por ellos», afirmaba. 

No está en Mas d’Enric. Sin embargo, David Solé, el tarraconense que fue detenido en Barcelona también la semana pasada, estuvo muy presente entre los asistentes, que este lunes ya reconocían que «seguramente tendremos que regresar en otras ocasiones». 

«No podemos rendirnos. La gente que se manifiesta no utiliza la violencia. Simplemente son sistemas de autodefensa», decía Carme Batalla. Els Segadors ponían el punto y final a una concentración que se organizaba para una vuelta esta vez sí, en coche. 

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