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Tarragona ENTREVISTA

Boada: "Las administraciones deben evaluar más a sus empleados"

Joan Boada es catedrático de Psicología de las Organizaciones y de Recursos Humanos de la URV

OCTAVI SAUMELL

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Joan Boada, la pasada semana tras la entrevista con el ‘Diari de Tarragona’. FOTO: PERE FERRÉ

Joan Boada, la pasada semana tras la entrevista con el ‘Diari de Tarragona’. FOTO: PERE FERRÉ

¿Sobra personal en la administración pública?

Le giraré el enfoque. La legislación actual nos dice que todos los ayuntamientos y administraciones públicas deberían tener actualizada la Relació de Llocs de Treball. Desde los más pequeños hasta los de mayor tamaño, pero en cambio muchos no lo han hecho o no lo tienen al día, por lo que no se sabe si sobra o falta gente. No hay ningún diagnóstico.

¿Y ahora cómo se organizan si no se sabe qué es lo que debe hacer cada trabajador?

Muchos ayuntamientos y pymes han crecido sobre la marcha.

¿Se ha improvisado?

Sí, pero es normal. Se han ido transfiriendo competencias y servicios, y el tema de recursos humanos ha quedado en segundo lugar. También pasa cuando las empresas crecen, pero llega un momento en que debe hacerse un diagnóstico.

¿Quién debe hacer este estudio?

Habitualmente, los propios ayuntamientos lo tienen complicado. Nosotros, por ejemplo, desde la URV estamos haciendo algunos de nuestra demarcación, pero también de municipios de Girona y Castellón.

La administración local viene de una etapa de tasa de reposición cero por la crisis. ¿Esto ha dificultado su situación?

Relativamente. Claro que ha habido una frenada, pero también afecta el envejecimiento de los trabajadores de la administración pública.

¿En qué sentido?

En diez años, o antes, deberán hacerse planes de atracción del talento a la administración. En poco tiempo, muchos de los contratados o funcionarios irán todos a la jubilación.

Pero si no hay la relación de puestos de trabajo tampoco queda claro cómo se relevarán.

Claro, debe hacerse también un estudio sobre las cargas de trabajo, cuántos puestos de trabajo hay y cuántos no, cuánta gente falta, cuánta gente sobra...

¿Ahora van a ciegas las corporaciones locales?

Sí, pero también pasa en la pequeña empresa.

¿Tienen mucho en común las pymes y los ayuntamientos?

En este caso, sí. Las empresas multinacionales, por tradición, lo tienen todo más concretado.

¿Y cómo hacen el presupuesto si no tienen el diagnóstico sobre los puestos de trabajo?

Lo hacen en función de los trabajadores. Pero que tengas empleados no quiere decir que tengas puestos de trabajo. Puedes tener más trabajadores que puestos de trabajo. O al revés.

¿Son eficientes los ayuntamientos?

Creo que sí. Hay gente comprometida, gente que menos, trabajadores que son servidores públicos, hay algunos que no... La eficiencia de la administración debe estar relacionada con la evaluación del rendimiento del trabajador.

Muchos cobran solo por ir al trabajo, sin que la productividad sea una variable.

En nuestro país no se ha construido una estructura salarial que vaya más allá de los aspectos fijos. Debe haber variables. Las organizaciones públicas tienen pocos mecanismos para evaluar a sus empleados. Esto debe ser un paso para poner orden y ganar en eficiencia.

El alcalde de Tarragona busca un director de Recursos Humans para «poner orden». ¿Qué le parece?

Nosotros ahora estamos en un ayuntamiento de Girona haciendo un proyecto que, entre otras cosas, definine la tarea de un gerente en una administración pública. Aún no tienen al gerente, pero están empezando bien. Quieren definir primero los objetivos de este puesto de trabajo. En Tarragona puede ser interesante, pero debe empezar al revés. Deben saber las necesidades internas, la definición de los objetivos y las competencias directivas. Muchos ayuntamientos, en el futuro, seguirán la estructura de los Consells Comarcals.

¿Con un gerente?

Sí, claro que hay ayuntamientos como el de Reus o el de Tarragona que son mucho más grandes que cualquier Consell.

¿Es viable que las administraciones públicas tengan la doble estructura en paralelo? Me refiero a la funcionarial y a la política.

Sí, pero esto también pasa con el sector privado con el consell directiu –que es un órgano político– y la gestión. En Catalunya y el País Vasco se está muy por delante en este sentido.

¿A qué se refiere?

El político debe entender que le interesa tener una administración neutral, ya que esto generará un mayor prestigio. El político debe proponer políticas, sin entrar en la batalla del día a día.

¿Cómo debe hacerse?

Los técnicos deben llevar a la práctica lo que deciden los políticos, se esté o no de acuerdo con esta decisión. El espejo son los países nórdicos.

¿Allí la administración es cien por cien neutral?

Mucho más que aquí. El político incide en lo que debe, que son las políticas, sin caer en el día a día.

Aquí hay muchas plazas «técnicas» que son ocupadas por personal de confianza del político.

Los asesores deben saber cuál es su rol, y permitir que la estructura administrativa fluya y funcione exclusivamente mediante prioridades técnicas.

¿Qué le parece que el Ayuntamiento de Tarragona abra la puerta al sector privado para ocupar plazas directivas?

Es bueno que se busque a la mejor persona, independientemente de su procedencia. También un empleado del sector público puede ir al privado. Son las reglas del juego, en Europa son habituales.

¿Es viable seguir creando plazas de funcionarios?

Son filosofías. Ahora se está impulsando la contratación de carácter laboral. En Catalunya hay pocos habilitados estatales, lo demás es contratación laboral.

Sí, pero a los funcionarios no se les puede despedir.

Es muy difícil. El tema no es que sean funcionarios o laborales, sino que haya evaluación del rendimiento.

¿No se controla lo que hacen los empleados públicos?

Muy pocas administraciones tienen complementos de productividad que, realmente, sean por producción y variables. La realidad es que estos complementos se acaban consolidando como parte del salario fijo.

¿Por qué pasa esto?

Las instituciones se han ido creando como una seta que va creciendo. Y no ha habido interés en ordenarlas.

¿Es normal que en pleno siglo XXI la inmensa parte de los empleados públicos trabajen de lunes a viernes, de 8 a 15 horas?

Es muy difícil de entender para la gente que está en el sector privado.

¿Debe reformularse la administración pública?

Sí. También debería mirarse la excesiva juridificación que hay para cumplir las normas...

¿Qué quiere decir?

Que el exceso de regulación provoca que la toma de decisiones no sea ágil.

En Tarragona, la otorgación de licencias es muy lenta.

Es evidente que deben seguirse normas, pero sin perder cintura.

¿Cómo puede hacerse?

Los milenials, por ejemplo, ya piensan de otra manera. Creo que las organizaciones deberán adaptarse a las nuevas generaciones.

¿Debe ponerse al día el sector público?

Exacto, debería haber un debate de fondo. Es necesario para tener clara la administración que queremos, y que sea más polivalente.

¿Por qué?

No se ha creado una cultura de polivalencia, y esto provoca que no sea fácil cambiar de departamento a trabajadores. No debe dependerse tanto de la buena voluntad de los empleados.

¿Lo ve posible a corto plazo?

De momento, lo primordial es crear el debate. Es el primer paso.

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