Muntanyes de Prades: los Pirineos de la Costa Daurada

Es ideal para el turismo familiar por su privilegiado entorno y sus propuestas lúdicas, gastronómicas, deportivas y culturales

C. D.

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La Plaça Major de Prades, coronada por su fuente renacentista, es el epicentro de la villa. FOTO: Pere Ferré

La Plaça Major de Prades, coronada por su fuente renacentista, es el epicentro de la villa. FOTO: Pere Ferré

Prades y su entorno maravillan. Montañas de más de mil metros de altura, inviernos con nieve, otoños cargados de setas, veranos refrescantes y primaveras que enamoran. Todo ello en un entorno perfecto para el turismo familiar, con actividades lúdicas, gastronómicas, culturales y deportivas para todas las edades. Por ello es, para muchos, lo más parecido a los Pirineos que puede encontrarse a tan sólo algunas decenas de quilómetros del mar Mediterráneo. 

Esta pequeña localidad de la comarca del Baix Camp es conocida también como la ‘vila vermella’, por el color rojo de las piedras con las que se construyeron sus casas. Alberga callejuelas sombrías y pintorescas, restaurantes de cocina tradicional catalana y acogedores casas rurales y apartamentos para pasar un fin de semana de naturaleza y diversión. La Plaça Major, la iglesia, los restos de la muralla medieval y la fuente renacentista que preside la plaza son algunos de los iconos del municipio. 

Un entorno de ensueño: de Prades a Siurana

Las excursiones para conocer el entorno de las montañas de Prades son casi obligadas. Capafonts, L’Espluga de Francolí o el monasterio de Poblet se encuentran a pocos kilómetros y cuentan con atractivos culturales de nivel. Pero si quieren adentrarse en un pueblo que parece sacado de un cuento de hadas, la visita imprescindible es Siurana.

Siurana destaca por su ubicación sobre un risco. FOTO: Pere Ferré

A tan sólo 20 kilómetros de Prades y construida en lo alto de una colina se encuentra este pequeño pueblo de calles empedradas. Fue el último reducto de la reconquista de Catalunya por los cristianos, allá por el año 1153. El motivo es su singular geografía: imponentes acantilados la rodean, hecho que dificultó la entrada de las tropas. 

A sus pies, lucen las aguas limpias y azuladas del pantano de Siurana, un lugar donde practicar actividades acuáticas de todo tipo. El entorno privilegiado de Siurana la ha convertido en un sueño para escaladores y excursionistas. Las paredes de cientos de metros de altura que la rodean son frecuentadas por los deportistas, que cuentan con todo tipo de vías para descubrir el paisaje a vista de pájaro. 

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