El placer del paisaje

La ruta de los miradores del Baix Camp ofrece espectaculares vistas de la costa. El itinerario recorre L’Albiol, L’Aleixar, Almoster, Arbolí, Colldejou, Les Borges, Mont-roig, Prades, Pratdip, Riudecanyes, Riudecols, Riudoms y Vandellòs

Xavier Fernández

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Las ruinas del antiguo campamento militar de Castillejos, que llegó a albergar a 4.000 soldados. FOTO: Xavier Fernández

Las ruinas del antiguo campamento militar de Castillejos, que llegó a albergar a 4.000 soldados. FOTO: Xavier Fernández

Si de algo pueden presumir la Costa Daurada y las Terres de l’Ebre es de combinar unas idílicas playas con unas montañas a las que se llega en pocos minutos desde el litoral. La ruta de los miradores del Baix Camp ofrece la posibilidad de contemplar unas espectaculares vistas. Uno puede sumergirse en el paisaje mientras conduce el coche, lentamente y con la ventanilla bajada para ‘olisquear’ la naturaleza y escuchar sus sonidos. La ruta también es ideal para que los motoristas tracen curvas, con cuidado, por supuesto. Para los esforzados ciclistas. O incluso para los que opten por el senderismo.

El itinerario incluye trece miradores en L’Albiol, L’Aleixar, Almoster, Arbolí, Colldejou, Les Borges, Mont-roig, Prades, Pratdip, Riudecanyes, Riudecols, Riudoms y Vandellòs y l’Hospitalet de l’Infant. En cada uno de ellos, unos carteles indican los atractivos del municipio en cuestión.

Cada uno de ellos merecería una amplia información. Por citar solo cinco ejemplos, el Centre de Interpretació de la Serra de Llaberia (Pratdip), el Museu del Vi Els Cups (Montbrió), el Centre d’Interpretació dels Fruits del Paisatge (Riudecanyes), el Molí de Vandellòs. Centre d’Interpretació de l’Oli y el Centre d’Interpretació de les Muntanyes de Prades (Prades). En suma, pequeños museos para conocer mejor la sierra de Llaberia y las montañas de Prades o para entender cómo se elaboran el vino y el aceite.

En el término municipal de Arbolí, un pequeño pero encantador municipio, hay dos atractivos no tan conocidos: el poblado abandonado de Gallicant y los restos del que fuera un campamento militar, el de Castillejos. 

Seguro que muchos tarraconenses y algún que otro foráneo conocerán de primera mano dichas instalaciones militares por haberlas ‘sufrido’ cuando cumplían allí la extinta mili. Ahora están abandonadas, pero se puede entrar sin problemas y contemplar los antiguos pabellones para los reclutas, los comedores, las salas de reuniones...

El poblado abandonado de Gallicant permite contemplar Siurana y todo su entorno. FOTO: Xavier Fernández

Castillejos fue cerrado definitivamente el 26 de mayo de 2001 con un ‘desfile’ de algunos de los miles de reclutas de las milicias universitarias que pasaron por sus tiendas de campaña. En sus tiempos de esplendor llegó a albergar a entre 3.000 y 4.000 soldados en una finca que contaba con todo tipo de instalaciones, incluida piscina (que aún se puede ver) y una pequeña iglesia.

Los amantes del ‘turismo de ruinas’ o los nostálgicos que pasaron por allí se encontrarán con un totum revolutum de cristales rotos, basura, restos de fogatas, paredes semiderrumbadas, hierbajos, ventanas tapiadas que han sido reabiertas, puertas astilladas, paredes desconchadas, vigas de madera semipodridas y pintadas, sobre todo pintadas. De todo tipo. Dibujos de animales, algún que otro símbolo independentista, declaraciones de amor, nombres y fechas, escudos deportivos... 

A Gallicant se puede llegar por un sendero no excesivamente complicado o con 4x4 por un camino que sale cerca del propio campamento. El pueblo está totalmente en ruinas, pero las vistas son impresionantes. Incluso se puede apreciar Siurana, encaramada en un risco. Gallicant está situado en un llano del monte del mismo nombre, limítrofe con Cornudella y sobre el valle del Siurana. Actualmente hay un proyecto para recuperarlo. Solo por las vistas merece la pena la caminata o el recorrido en 4x4. 

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