Ricart Núvies baja la persiana por la pandemia

Antes de cerrar quiere vaciar el ‘stock’ que queda, cerrar pedidos y hacer las entregas pendientes que habían sido pausadas 

Cristina Valls

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Rosa Ferré Ricart, con uno de los vestidos de ceremonia en la tienda de Raval Santa Anna.  FOTO: a. gonzález

Rosa Ferré Ricart, con uno de los vestidos de ceremonia en la tienda de Raval Santa Anna. FOTO: a. gonzález

Ricart Núvies, situado en Raval Santa Anna, está en liquidación por cierre. Unos carteles, dispuestos en los escaparates, lo anuncian. La decisión se ha tomado por razones económicas propiciadas por la pandemia. Lo corrobora Rosa Ferré Ricart, al frente del negocio familiar y perteneciente a la segunda generación que ha dado vida un lugar referente en vestidos de ceremonia. 

«Hemos estado muchos años viendo la progresión del comercio en la zona y, actualmente, la vemos destrozada. Reus fue un centro comercial admirado por todo el mundo, incluso a nivel europeo a nuestro entender. Ha pasado el tiempo y el panorama es muy distinto, sólo hay que pasearse un poco», se lamenta. Bajarán persiana, aunque antes vaciarán stock, cerrarán pedidos y realizarán las entregas pendientes. 

Hace algo más de 50 años que la familia se dedica al comercio, trabajando en el local de Raval Santa Anna, aunque anteriormente ya desarrollaban la actividad en la calle Monterols. «Allí, vendíamos ropa interior, lencería y trajes de baño. Al venir al arrabal, tuvimos continuidad en la venta de este género, aunque lo ampliamos con vestidos de novia, de fiesta y comunión», describe Ferré Ricart. Preguntada por cómo han pasado el confinamiento, contesta que se ha convertido en un reto «muy duro». 

Ceremonias aplazadas
«Nuestras ventas no se hacen de hoy para mañana, se eligen concienzudamente. Pueden haber varias pruebas para coger medidas y acertar con el vestido, ya sea con bodas, comuniones y otras celebraciones. Estos encuentros se programan con ilusión, forman parte de la experiencia y hay cierto ritual. Eso se tiene que hacer cara a cara», acota.

Al reabrir, han tenido que reprogramar pedidos e incluso, muchas ceremonias de enlace se han aplazado a 2021, eso les ha afectado también. Sus previsiones se han visto cambiadas a raíz del coronavirus y, durante el confinamiento, prefirieron no habilitar  alternativas online. «El sector de la venta de vestidos de novia es muy específico, no encontramos en su momento la fórmula indicada para poder dar un servicio a distancia. Como decíamos, tomar medidas del vestido presencialmente es parte de la fiesta», defiende.

Existe una incertidumbre con el futuro que está por venir. «No se trata de un negocio de carácter prioritario y tiene mucho que ver con la ilusión de las personas», añade la comerciante. «Si estás preocupado por tu economía, lo que harás será recortar y tomar decisiones más modestas. En este momento, hay mucha gente desencantada y es normal», añade. 

Antes de la pandemia, eso sí, registraron un descenso en pedidos de vestidos de comunión, por ejemplo. «Aun así, las bodas se mantenían. Solían fluctuar durante el año, siempre dependiendo de la economía de las personas y se concentraban en los meses más habituales», dice.  

El local en el que se desarrolla la actividad de Ricart Núvies se fundó en 1970 y fue ocupado anteriormente por Almacenes Santa Anna, de la familia Rossell, centrada en la venta de ropa en general. 
 

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