La reforma fiscal histórica de Reus cae en el olvido

Ayuntamiento. La desmemoria sobre las proclamas tributarias de hace sólo un año invita a pensar que han dado escasos resultados

JOSEP CRUSET

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El pleno del Ayuntamiento del pasado viernes aprobo las ordenanzas fiscales y los presupuestos para 2022. foto: alfredo gonzález

El pleno del Ayuntamiento del pasado viernes aprobo las ordenanzas fiscales y los presupuestos para 2022. foto: alfredo gonzález

El año pasado por estas fechas, el gobierno municipal de Reus presentó y aprobó lo que calificó de «reforma fiscal histórica». En concreto, un paquete de seis importantes bonificaciones de impuestos –hasta el 95% del IAE, IBI e ICIO– para atraer nuevas grandes empresas y ampliaciones a la ciudad, crear empleo estable y fomentar la construcción de viviendas de protección oficial.

Ante la pretendida trascendencia histórica de esa revisión de la fiscalidad municipal, cabía suponer que durante el pleno del Ayuntamiento destinado a aprobar las ordenanzas fiscales continuadoras de aquellas, asistiríamos a algún balance sobre sus primeros resultados. Que no hubiese ni una sola mención al respecto ya permite sacar alguna conclusión.

Así las cosas, la mejor reseña de la política tributaria aplicada en 2021 la hizo el concejal no adscrito Raúl Meléndez cuando denunció que aún no ha logrado que le respondan cuántas tasas de vado ha recaudado el Ayuntamiento en su campaña para imponer la licencia a todas aquellas empresas y particulares que entran vehículos a través de las aceras. Cabe sospechar que el número de expedientes puede ser exorbitante, porque este dato no lo ha conseguido ni Meléndez ni nadie.

Redondeos

Otro apunte interesante lo ofreció Débora García (Cs) cuando reveló que el gobierno municipal aplica el 2% de incremento de la presión fiscal redondeando al alza los decimales resultantes en cada tasa e impuesto. «Igual que hace el Estado», le contestaron. Magro consuelo para los contribuyentes, que salen perjudicados de todos los redondeos.

También conocimos una estadística positiva para nuestra autoestima tributaria, si es que tal concepto existe. Mònica Pàmies (CUP) agradeció al interventor que le hubiese facilitado el estudio comparativo de la morosidad fiscal de los reusenses respecto a otras ciudades de dimensión equiparable, caso de Girona, Tarragona, Lleida o Sant Cugat. Su resultado dice que tenemos el índice de morosidad más bajo entre todas ellas o, lo que es lo mismo, que somos los que pagamos más religiosamente. La concejal de Hacienda quiso arrimar el ascua a su sardina recordando que algo tendrá que ver en ello la eficiencia de la gestión recaudatoria municipal. La otra portavoz cupaire, Marta Llorens, no tardó en poner agua al vino de la complacencia recordando cifras mucho más sangrantes que manejan otros departamentos. Por ejemplo, las 900 familias que han solicitado ayuda para paliar su situación de pobreza energética.

Por su parte, el líder del PSC, Andreu Martín, dedicó buena parte de su intervención a recordarle al alcalde Pellicer su promesa de poner mil viviendas de protección oficial a disposición de la ciudadanía, traducida hasta la fecha en el proyecto de construir 60 pisos en la antigua Hispania, y a un coste que tanto los socialistas como otros grupos cuestionaron.

Llamó la atención un comentario de Martín preguntándose sobre las causas del elevado número de solicitudes de compatibilidad presentadas por empleados municipales para poder tener un segundo trabajo fuera del Ayuntamiento. Si a esa tesitura añadimos que el capítulo destinado a pagar nóminas subirá un 5,79% en 2022, cualquier analista de recursos humanos podría llegar a conclusiones preocupantes sobre el desempeño laboral en la casa.

En lo que coincidieron todos los portavoces de la oposición fue en su mosqueo por cómo se han tramitado los expedientes presupuestarios y fiscales. Más concretamente, por la indigestión informativa provocada por los correos electrónicos con 360 documentos que les llegaron el jueves 14 y que debían analizar antes de la comisión del lunes 18 en que se debatieron. La concejal de Hacienda, Mariluz Caballero, les espetó que no había para tanto, ya que los documentos importantes eran «sólo 127», y que si hubiesen gestionado mejor su tiempo en vez de dedicarse a tuitear sobre el asunto, habrían podido estudiarlos con menos agobios.

A los grupos de oposición les pareció otro sabotaje a su labor que la citada comisión de Hacienda se encapsulase en una sola tarde, con 28 puntos a tratar en el orden del día.

Petrificados

La fórmula del pleno híbrido, que se celebró de manera presencial pero sólo podía seguirse telemáticamente, jugó una mala pasada a los esfuerzos de la concejal Caballero para defender los presupuestos y ordenanzas, ya que en el plano de la cámara que transmitía sus intervenciones compartía protagonismo con la somnolencia de alguno de los presentes.

Casualmente, cuando ya se había corregido el encuadre, Caballero replicó a la oposición que las críticas sobre tiempo y forma en que se presentaron los expedientes habían dejado «petrificados» a secretarios e interventores municipales. Frase irónica que, a tenor de los visto anteriormente, resultaba mucho más sarcástica de lo que su autora pudiera imaginar.

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