«En el teatro, todo es más fácil si estás acompañado»

La formación es una constante que ha marcado su trayectoria artística. Junto a Georgina Llauradó y Alba Aluja integran Les Artistes Locals, cuya vocación es acercar las artes escénicas a todo el mundo

SÍLVIA FORNÓS

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Irene Benavent Bodro es una de las tres integrantes de la compañía Les Artistes Locals. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Irene Benavent Bodro es una de las tres integrantes de la compañía Les Artistes Locals. FOTO: ALFREDO GONZÁLEZ

Irene Benavent Bodro (Reus, 1979) se ha formado en artes escénicas en la Escola Superior d’Art Dramàtic Eòlia y en las escuelas internacionales Harmonic de París y DNA de Nova York, de la mano de profesionales como Marc Martínez, Pau Miró, Sandra Monclús, Josep Galindo, Pablo Ley, entre otros. La formación ha sido una constante que ha marcado la carrera artística de la actriz, bailarina y creadora reusense, cuya trayectoria empezó en el mundo de la danza, el teatro experimental, el teatro de calle y como corista en La Padrina.

Las artes escénicas llamaron su atención desde bien pequeña.

Con cuatro años empecé clases de danza en la escuela, y desde los siete años hasta los quince hice gimnasia rítmica en las instalaciones del CN Reus Ploms. Después, a los quince años dejé la formación y empecé en el mundo del teatro. Y más tarde surgió la necesidad de bailar. Por todo ello, siempre he estado vinculada con las artes escénicas.

¿Qué le llamó la atención de la danza?

Las primeras clases fueron por obligación porque tenía los pies planos y mi madre se enfadaba conmigo porque le habían dicho que debía ir de puntillas por casa, y no lo hacía nunca. Por ello, me apuntó a clases de danza. Luego, empecé con la gimnasia rítmica porque lo probé un verano y me lo pasé muy bien. Siempre he tenido la necesidad de expresarme a través del cuerpo.

Cuando llegó el momento de seguir con los estudios superiores, optó por la universidad.

Cuando terminé COU no podía ir a Barcelona a estudiar y tampoco tenía claro si estudiar danza o teatro, por lo que fue un momento muy complicado. Así que opté por estudiar la diplomatura de Educación Social en la URV, pero mientras tanto continué con los estudios de danza y teatro en Reus y acudiendo a cursos en Barcelona.

Hasta que llegó el momento de decidir.

En el tercer curso de la carrera decidí que había llegado el momento de ir a estudiar Arte Dramático en Barcelona en la Escola Superior d’Art Dramàtic Eòlia y también me formé en danza en la Escola de ballet Eulàlia Blasi, entre otras. Desde entonces, nunca he dejado de formarme, ya que actualmente estoy estudiando el grado de Comunicación a través de la UOC. Me considero una persona hipercuriosa.

¿Le supuso un esfuerzo?

No. Fue cumplir con una necesidad, ya que mi cuerpo necesitaba moverse como algo inconsciente.

¿Y cuándo hizo el salto al teatro?

De niña era muy imaginativa y creativa, por lo que quería ser treinta mil cosas, incluso decía que quería ser forense (risas). Pero el teatro fue una revelación que sentí cuando estaba en el instituto, con dieciséis años, fue el verano de 1996. En ese momento, me informé de donde podía estudiar en Reus y, literalmente, empecé a llamar a todas las puertas. Ese impulso me llevó a llamar a la puerta del Bravium Teatre donde me recibió Jaume Amenós, quien me habló de un grupo de teatro dirigido por Francesc Cerro-Ferran. Éramos un grupo con las mismas inquietudes, donde conocí a Georgina Llauradó y Alba Aluja, que son mis compañeras de Les Artistas Locals. En esa época, también conocí a Albert Galcerà, Simó Gras, Antonio Florencio, etc.

¿En el sector de las artes escénicas se debe llamar a muchas puertas?

Aunque no soy una persona muy insistente, cuando siento el impulso y la necesidad, como tuve en ese momento, voy a por todas. El teatro es un mundo en el que se debe llamar a muchas puertas, pero también confío mucho en la creatividad de cada uno, es decir, que cada persona tiene mucho que decir y que explicar, y si tienes el canal para hacerlo, puedes.

¿Cómo se sintió cuando fue acogida por la familia del Bravium?

Jaume Amenós fue una persona muy importante en la vida de mucha gente y en la mía también. Cuando estaba en Barcelona trabajando en las primeras producciones, Amenós me llamaba para interesarse. De aquella época, también me acuerdo de los bocadillos de Maribel y de Mercè en el Bravium, y como en el bar pasaban cosas maravillosas. Era un net working único y donde todo el mundo tenía las puertas abiertas, como una forma de retroalimentación, ayuda y confianza.

En aquella época conoció a Georgina Llauradó y Alba Aluja con quien forma Les Artistes Locals.

Sí. Las tres siempre hemos compartido la necesidad de formarnos, por lo que creamos Les Artistes Locals de manera inconsciente, es decir, nos hemos dejado llevar.

¿Qué le agradece a la compañía?

En el teatro, todo es más fácil si estás acompañado. Cuando una propone una idea, las demás hacemos que crezca. Existe mucho respeto, confianza y cariño entre nosotras. Por ello, más que mis compañeras, Georgina y Alba son como mis hermanas.

A través de la compañía, han conseguido acercar el teatro a otras personas y a la ciudad.

Sí. Empezamos haciendo cursos de teatro en verano porque la gente nos lo pedía. Después, estos jóvenes crecieron y nos pidieron hacer cursos anuales porque tenía ganas de más.

A lo largo de su trayectoria ha visitado otras ciudades.

He vivido la profesión desde diferentes lugares, como viajar por España en furgoneta de un lugar a otro para hacer bolos hasta estar en medio del campo de futbol del Barça –en la era de Guardiola– dirigiendo un equipo de 70 personas, etc. Todo ello te permite empatizar y ver que no hay una verdad absoluta. Ser actriz me permite empatizar con personajes con los que sería incapaz de convivir. Es muy divertido hacer de atracador, pero sin que haya consecuencias.

¿Qué herramientas tienen la interpretación para empatizar?

Ayuda a entender que hay personas diferentes y maneras de vivir diversas.

¿Qué legado le gustaría dejar como actriz, bailarina y creadora?

Me encanta la frase que dice: La cultura es el legado que dejaremos como seres humanos. Por lo tanto, si he de dejar alguna cosa es todo aquello que me ha brindado el teatro, la danza y la manera de visualizar el mundo a través de las artes escénicas.

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