«¿Dígame?». «Buenos días, soy el alcalde»

Crónica. Pellicer llama a los timbres de vecinos para preguntarles cómo ven el barrio. En bata o hasta en cuarentena desde el balcón, abren y le cuentan de todo un poco

MÓNICA PÉREZ

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Una señora atiende, en la entrada de su casa, al alcalde y la concejala de Relacions Cíviques. Foto: F. Acidres

Una señora atiende, en la entrada de su casa, al alcalde y la concejala de Relacions Cíviques. Foto: F. Acidres

Suena el timbre en una casa de la calle del Cantàbric. Dentro, atienden: «¿Dígame?». Y al otro lado, en la puerta, Carles Pellicer. «Buenos días, soy el alcalde, ¿cómo le va todo?», contesta. Así una y otra vez, toda esa calle, la siguiente y hasta unas decenas de ellas peinando la zona de Juroca y de Parcel·les Casas a lo largo de la mañana. Es la ‘inmersión’ del alcalde en los barrios, un ‘puerta a puerta’ literal en el que Pellicer puede aparecer un día en su piso y preguntarle, a usted, cómo ve el barrio.

«¿Qué tal se encuentra? ¿Vive solo?», plantea el alcalde a un hombre que le ha abierto –como casi todo el mundo ayer por la mañana–, y este le explica que «no, con la familia» y enseguida se lanza a señalarle un árbol frente a su vivienda, que «está un poco así, no sé cuánto aguantará». El equipo del alcalde toma nota de la incidencia y la entra en el registro del Ayuntamiento.

Pocos metros más allá, otra señora sale a recibir algo nerviosa, con el delantal puesto y muchas prisas. «¿Tiene la olla al fuego?», pregunta Pellicer. Pues sí. Y la mujer vuelve a la cocina, le invita a pasar y hasta le ofrece, medio en broma, un plato del guiso. En la siguiente vivienda se encuentra a una vecina ucraniana. «Un abrazo para vuestro país, porque necesitáis apoyo en estos momentos», le dice el alcalde. Hay algunos cartones, bolsas y cajas de juguetes cerca de su entrada y se da aviso al servicio de limpieza, que en apenas unos minutos llega y se lleva la basura. La vecina comenta que «ayer intentaron robarnos aquí» y de la cuestión queda también constancia por si después hubiera que tratarlo en juntas de seguridad.

Y en el siguiente domicilio, un chico se asoma al balcón: «Estoy confinado, no puedo salir». Pellicer le pregunta cómo lleva el aislamiento, si se siente bien. Deberá repetir el comentario varias veces a lo largo de la ruta, donde más de uno habla desde la terraza porque la Covid no le permite más cercanía. Bajando por la calle del Abat Porta, a Pellicer se le quejan de que hay heces de perros en las aceras y del mal estado del pipicán. Él pide civismo y explica que «el Ayuntamiento no puede llegar siempre a todas partes, necesitamos que la ciudadanía también colabore; el Ayuntamiento no ensucia».

El alcalde se interesa por el barrio. La mayoría de sugerencias y reclamaciones tienen que ver con vía pública. Por eso, en estos ‘puerta a puerta’ Pellicer se acompaña del concejal del ramo, Hipòlit Monseny, y de la responsable de Relacions Cíviques, Montserrat Caelles, con quien se reparte los timbres. A menudo, la consulta deriva en una conversación amable. A una mujer originaria de Extremadura que ha acudido al interfono, el alcalde le recomienda la zona de la Siberia. «Me gusta ir en moto y he estado por allí; búsquelo en internet y verá qué bonito es», le dice.

Lógicamente, los vecinos no esperan la visita del alcalde. Los hay que salen en pijama, alguno que cierra la puerta tras haberla abierto a medio vestir, y otros que ya le habían visto hace poco. «¿Se acuerda de mí?», le pregunta una mujer. Pellicer hace memoria. «Sí, hombre, si yo trabajo en el McDonald’s», añade ella, y él le explica que «justo fui a cenar allí una noche de estas», y es cierto. Casi todos coinciden en que el barrio «está bastante bien».

El equipo del alcalde señala en el mapa cada calle visitada, con el objetivo de realizar una decena de ‘inmersiones’ –esta es la cuarta– y recorrer todo Reus. Del porqué de estas acciones, Pellicer explica que «un alcalde tiene que salir del despacho y ver la realidad, y es una cosa vocacional; me gusta y yo pienso que la proximidad es un valor». Lo chocante de que el alcalde de una ciudad de más de 100.000 habitantes llame al timbre a los vecinos ha dado pie incluso a ‘memes’. «Es necesario saber lo que piensan las personas», defiende, y subraya que «no admitiré que nadie me diga que hago campaña con esto, porque es lo que he hecho siempre».

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