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Un(a) informateur para el gobierno de España

Tras la campaña electoral y las elecciones persisten de nuevo los bloques eternos. De ahí que estemos condenados a que la mitad de 
los electores se sientan vencedores o vencidos de la otra mitad

Lluís Amiguet

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Lluís Amiguet

Lluís Amiguet

En este país (léase España, pero también Catalunya) tendemos al frentismo. De hecho, tras la campaña electoral y las elecciones persisten de nuevo los bloques eternos (en Catalunya, inamovibles desde la transición). De ahí que estemos condenados a que la mitad de los electores se sientan vencedores o vencidos de la otra mitad. Holanda y otros países, aun con sus propios problemas, han ido conformando, tras lograr muchos y complejos pactos de gobierno, la institución del informateur de gobierno para lograr coaliciones transversales que eviten los dos bloques que siempre están arrollando o tomándose la revancha.

Y es que el sistema electoral holandés es mucho más proporcional entre votos y escaños que el español o el catalán, que es el mismo. De ahí que todos los gobiernos holandeses hayan sido necesariamente de coalición desde la II Guerra Mundial. Pero, por larga que sea su tradición democrática, tampoco les ha sido fácil poner de acuerdo para gobernar a quienes acaban de enfrentarse en campaña electoral.
 La Constitución holandesa asigna al jefe o jefa del estado, la monarquía, esa función, pero, con buen criterio, los monarcas fueron delegándola en informateurs. Gracias a ellos, los partidos siempre han logrado formar gobiernos, aunque ninguno haya logrado nunca la mitad de los votos.

Uno de los mejores informateurs de la reciente historia de Europa ha sido Herman Wijffels, quien recibió una llamada de la reina en Washington, donde en el 2007 era el representante de Holanda en el Banco Mundial. La reina le pidió que actuara como informateur para la formación de gobierno en el país tras unas elecciones en las que diez partidos habían obtenido representación parlamentaria.

Tras los comicios todavía persisten los bloques eternos. FOTO: P.Ferré

El encargo real no era una perita en dulce y el coste en imagen y prestigio de un fracaso para Wijffels, que había sido presidente de Rabobank, y del Consejo Socioeconómico Holandés, hubiera sido devastador.  

Pero Wijffels consiguió un acuerdo.

¿Cómo? Me lo explicó en marzo, tras dar una charla en el Cercle del Liceu con De Kring, el Círculo de Empresarios Holandeses en Barcelona. “Es muy sencillo -resumió- hay que empezar por los principios”. Wijffels redactó propuestas concretas extraídas de los programas de los tres partidos, que fueron día a día negociando y matizando. Los políticos señalaban sus diferencias y él proponía modos de conciliarlas. Pero no se habló de nombres y cargos hasta que se dio por redactado el programa de gobierno y fueron elegidos según su idoneidad para ejecutarlo.

Que a España le iría bien una institución parecida no lo dice sólo el propio Wijffels, quien observó que en España sería muy útil en ausencia de grandes mayorías; también lo apuntan desde Bruselas quienes desean evitar otra desestabilizadora repetición de comicios en España.

Pero ¿quién podría ser nuestro primer informateur en España? Aún queda un padre de la Constitución, además catalán, con el talante y la seniority necesarios para sacarnos del atolladero del frentismo al que solemos tender.

Pero, en todo caso, debería acreditar una trayectoria pública intachable. Esa seniority sumaría puesto que nuestros políticos apenas superan o no alcanzan los 44 años de edad media española (Pedro Sánchez tiene 47 años; Albert Rivera, 40 y Pablo Iglesias, 39). Y que el primer informateur de nuestra historia fuera una mujer, también sería recomendable. Pongan ustedes los nombres, porque haberlas haylas. Y muy capaces.

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