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Opinion Editorial

Una cumbre de presidentes, ya

Si un político, ante la grave situación, no es capaz de priorizar los intereses del país a los del partido, no se merece seguir en el cargo.

 

Diari de Tarragona

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Pedro Sánchez no coge el teléfono a Quim Torra

Pedro Sánchez no coge el teléfono a Quim Torra "hasta que no condene la violencia". EFE

El hecho de que ante la situación que vive Catalunya todavía no se haya producido una reunió de urgencia y al máximo nivel entre el presidente del Gobierno español y el president de la Generalitat, es alarmante y les descalifica a los dos de la alta responsabilidad que les atañe. El único diálogo, por llamarlo de alguna manera, entre los dos presidentes se dirime a través de los medios de comunicación y de la redes sociales. Ayer recurrieron al género epistolar. Quim Torra replicó a Pedro Sánchez y al Gobierno, por carta, para asegurar que no le tienen que dar «lecciones de condenar y luchar contra la violencia», porque él, «igual que el movimiento independentista, ha luchado y condenado siempre todas las violencias». Previamente Pedro Sánchez había pedido a Quim Torra que condene de forma «rotunda» la violencia para poder iniciar cualquier diálogo o contacto. Con anterioridad, el president de la Generalitat había pedido una reunión a Sánchez en la comparecencia realizada en el Palau de la Generalitat tras una reunión junto a otros miembros del Govern y los alcaldes de Tarragona, Lleida y Girona, en la que han abordado los disturbios que se producen en Catalunya desde el pasado lunes. A renglón seguido se ha sucedido un intercambio grotesco de reproches por no responder sendas llamadas telefónicas. En fin, un espectáculo bochornoso, impropio de los máximos responsables del país. No parece que sean conscientes de la gravedad de la situación que vive Catalunya y, por añadidura, España. La situación de absoluto descontrol está afectando gravemente a la vida de los ciudadanos. No se puede viajar con garantías ni por las autopistas, ni carreteras, ni en tren. La economía está sufriendo un golpe tremendo y, lo que es peor, la imagen de Catalunya como referente de modernidad será difícil de recuperar. No puede servir de excusa el horizonte electoral que tenemos a la vista. Si un político, ante la grave situación, no es capaz de priorizar los intereses del país a los del partido, no se merece seguir en el cargo.

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