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Opinion Editorial

Tras la sentencia, el regreso a la política

La sentencia deja abiertos muchos caminos para encontrar una solución al conflicto.

Diari de Tarragona

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Concentración en Reus en protesta por la sentencia. A. GONZÁLEZ

Concentración en Reus en protesta por la sentencia. A. GONZÁLEZ

Las protestas independentistas, tras hacerse púbica la sentencia del procés, provocó durante todo el día de ayer numerosos cortes de carreteras y de vías férreas, así como el colapso durante algunas horas del aeropuerto Josep Tarradellas de Barcelona, que tuvo que cancelar más de sesenta vuelos. Durante las protestas se registraron momentos de tensión y también algún herido de escasa consideración. La violencia, sin embargo, no admite gradaciones y debe condenarse por mínima que sea su incidencia. Las manifestaciones y las protestas en las calles forman parte de la libertades democráticas. La violencia no y por tanto debe condenarse sin paliativos. Es responsabilidad de los líderes políticos contribuir a serenar los ánimos en estos momentos en los que la escalada de tensión puede derivar en situaciones no deseadas por nadie. Una vez dictada sentencia es hora de la política. No puede repetirse nuevamente el mismo error que significó remitir el conflicto de Catalunya a los jueces para que resolvieran por la vía judicial un problema estrictamente político. La justicia devuelve el problema a los políticos con el problema añadido del dolor que causa todo proceso penal. Sin embargo, con toda la dureza que se quiera, la sentencia deja abiertos muchos caminos para encontrar una solución al conflicto. Dos elementos claves del fallo avalan esta lectura: el hecho de que se haya descartado la rebelión, lo que rebaja considerablemente las penas, y que se haya descartado la petición de la Fiscalía de que los procesados no pudieran acceder al régimen abierto hasta que cumplan la mitad de la pena. Este criterio deja en manos de los servicios penitenciarios de Catalunya la aplicación del régimen de semilibertad de los condenados, si bien los posibles recursos de esta hipotética decisión devolvería la decisión final al Supremo, tribunal que ha dictado la sentencia. En definitiva, hay camino para buscar acuerdos. Hace falta que todos reconozcan sus errores, que sepan renunciar a sus deseos máximos y que entiendan que solo el acuerdo conduce a la solución.

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