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Salvar el Delta de l’Ebre

El Delta necesita soluciones de forma urgente. Y, sin embargo, la sensación que impera en el territorio un año después de aquella tragedia es que no se ha hecho nada

Diari de Tarragona

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Salvar el Delta de l’Ebre

Salvar el Delta de l’Ebre

Esta semana se cumple un año desde que la borrasca Gloria azotó el litoral tarraconense y se ensañó especialmente con el Delta de l’Ebre. Impactantes fueron aquellas imágenes del agua del mar entrando tierra adentro y anegándolo todo a su paso, así como las de cientos de atunes arrancados del mar y varados en tierra. La tormenta fue devastadora y provocó cuantiosos daños. Y, además, nos recordó la fragilidad de un territorio de incalculable valor ecológico que hay que preservar a toda costa. Y estamos en la obligación de no perder ni un minuto, antes de que nuevas Glorias vuelvan a inundar y a dañar un espacio tan especial, ya amenazado por el cambio climático y la consiguiente subida del agua del mar.

Sí, el Delta necesita soluciones de forma urgente. Y, sin embargo, la sensación que impera en el territorio un año después de aquella tragedia es que no se ha hecho nada o que, en el mejor de los casos, se ha hecho muy poco. Es verdad que existe un plan de consenso que reúne a los siete municipios de la zona –Deltebre, Sant Jaume d’Enveja, Amposta, Sant Carles de la Ràpita, l’Aldea, Camarles y l’Ampolla– y los regantes para intentar frenar la regresión de este importante humedal, una hoja de ruta que prevé una serie de actuaciones a acometer en diferentes plazos.

Se trata de una apuesta que pasa por un principio básico, el de no ceder más tierra al mar. En este plan se ha implicado el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, que insiste en que el objetivo es «garantizar la permanencia, la sostenibilidad y la recuperación ambiental del Delta de l’Ebre teniendo en cuenta las previsiones para hacer frente a la subida del nivel del mar». El plan es ambicioso e incluye diferentes propuestas que a primera vista se antojan interesantes. Es de esperar que en esta ocasión las buenas palabras y las buenas intenciones se traduzcan en hechos concretos y en una colaboración entre todas las administraciones que desemboque en acciones rápidas y eficaces para salvar un tesoro natural que no podemos permitirnos perder.

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