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La llegada de Biden a la Casa Blanca

Biden toma posesión de la presidencia de los Estados Unidos, pero el hecho más significante es que la abandona Donald Trump, un embustero compulsivo y populista que a punto ha estado de destruir la democracia norteamericana

Diari de Tarragona

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La llegada de Biden a la Casa Blanca

La llegada de Biden a la Casa Blanca

Hoy Joe Biden toma posesión de la presidencia de los Estados Unidos, pero el hecho más significante es que la abandona Donald Trump, un embustero compulsivo y populista que a punto ha estado de destruir la democracia norteamericana, referente de estabilidad pluralista y de valores universales durante los últimos dos siglos. La satisfacción de ver a Biden, un personaje tranquilo y cabal que ha mantenido un discurso constructivo y civilizado durante toda su vida política, al frente de la primera potencia de la tierra es superior incluso a la que produjo a muchos la llegada de Obama a la Casa Blanca, con su mensaje implícito de diversidad, pluralismo, solidaridad y progresismo. Y Trump ha tenido mucho que ver en eso.

El cambio en la presidencia estadounidense, lejos de ser un asunto interno de aquella nación, es un tema de trascendencia mundial que afecta también a Europa, para la que la llegada de Biden al liderazgo norteamericano supondrá la recuperación del vínculo trasatlántico, que ha sido siempre, menos con Trump, uno de los ejes de la política y del ser europeos. Trump, de acuerdo con la tradición republicana radical, ha sido por definición introspectivo y ha detestado por principio a la Unión Europea, un competidor en toda regla que ha tenido la osadía de crear una divisa que compite con el dólar. La UE, que no supo afrontar la primera gran crisis del siglo, ha adoptado frente a la segunda, la de Covid-19, un talante muy distinto, basado en el criterio de la equidad, en el prorrateo de esfuerzos y de gastos, en la solidaridad universal en pos de los tratamientos y las vacunas. Es muy relevante que estos criterios integradores tengan su traducción al otro lado del Atlántico para formar una unidad en la globalización, que habrá de competir con el pragmatismo autoritario chino y con los fenómenos populistas que salpican el planeta. La ligazón entre Washington y Bruselas en todos los sentidos debe contribuir a que el futuro se base en valores compartidos, en la extensión de normas civilizadoras, humanitarias y compasivas.

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