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Jornada de reflexión tras las elecciones. Urge que los partidos hagan su trabajo

Desafección-cabreo. Ninguno de los líderes políticos que comparecieron la noche electoral parecía preocupado por no haber conseguido más del 28% de apoyo de los ciudadanos

JAVIER PONS

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JAVIER PONS

JAVIER PONS

El domingo por la noche no salía de mi asombro escuchando las declaraciones de la mayoría de líderes políticos tras conocer los resultados del 10-N. Ninguno parecía preocupado porque ni uno de ellos ni sus partidos habían conseguido más del 28% de apoyo de los ciudadanos. No se enteran o no se quieren enterar de la clara desafección-cabreo, protagonistas de estos comicios. Por eso Pedro Sánchez ha perdido las elecciones ganándolas, por eso Iglesias a pesar de perder escaños sigue con el «racaraca» del gobierno de coalición, por eso Pablo Casado no puede celebrar una subida más que aceptable al ver cómo Vox se dispara y consigue impedir una victoria que en algún momento acarició. Por eso Rivera ha dilapidado un formidable capital político que podía haberle aupado al gobierno hace tres años o hace cuatro meses cuando pudo ser socio del PSOE y ha acabado en definitiva con su carrera.
Frente a todos estos perdedores, las fuerzas nacionalistas han consolidado su posición ganando terreno tanto en Catalunya como en el País Vasco dejando claro que este país no se podrá gobernar sin ellos y finalmente una ultraderecha que ha conseguido sonrojarnos al convertirnos en el país de los que lideran la UE donde mayor representación parlamentaria han conseguido.

Pero volviendo a la sordera y ceguera política de nuestros líderes es de esperar que esta vez superen sus traumas personales de la infancia y se pongan de acuerdo en algunos puntos comunes que no son tan difíciles de establecer. Pero vayamos por partes porque aunque la petición colectiva es que se facilite -como sea- un gobierno estable que pueda encarar los retos que llevan parados en nuestro espejo hace cinco años, hay que analizar lo que ha pasado ahora que las urnas están calientes.
El llamado a gobernar y líder del PSOE Pedro Sánchez ha cosechado su primer gran fracaso desde que resurgió de sus cenizas. Su obstinación y apego táctico a los cálculos electorales le han llevado a retorcer argumentos hasta la saciedad y permanecer mano sobre mano desde el 28-A. Esa actitud nos ha llevado a unas segundas elecciones en las que no ha conseguido su objetivo de recabar más apoyos (ha perdido tres escaños) y al hacerlas coincidir con las reacciones a la sentencia del Procés ha facilitado que una fuerza como Vox, que hace once meses no tenía representación en ninguna administración, se coloque como tercera fuerza política del país.

Pablo Iglesias ha vuelto a ver caer el apoyo a su formación y aunque no haya sido una catástrofe no deja de ser un toque de atención a su posición de negociación. Una posición intransigente en la que parece primar más las formas (los sillones del consejo de ministros) que el fondo (las políticas sociales a compartir) y que ha sido incapaz de aprovechar una ocasión histórica para configurar un gobierno progresista.
Rivera ha confirmado que no es un líder político válido para liderar el centroderecha ya que su soberbia le ha impedido ver lo evidente: que su partido tenía sentido como función de bisagra con efectos de regeneración democrática en la oxidada clase dirigente de este país. Cuando ha abandonado esa posición ante la fantasía de que podía liderar el centroderechaha dejado huérfanos a millones de ciudadanos que habían visto con buenos ojos la creación de un nuevo partido y que ahora tendrán que decidir quién debe liderar la nueva etapa post-Rivera.

El PP tuvo una victoria amarga porque Casado ha logrado en poco tiempo remontar una situación muy complicada llegando a los 88 escaños pero el crecimiento fulgurante de Vox ha rebajado ese efecto al convertirse en la tercera fuerza política del país pero también al competir por el liderazgo de la derecha. Hoy seguro que todos los líderes se arrepienten de no haber respondido a Santiago Abascal cuando éste repartió afirmaciones llenas de mentiras y manipulaciones en su mayor mitin electoral:el debate del 4-N. Abascal actuó sin límites para su electorado pero también ante la inacción de todos los demás partidos, debió convencer a muchos votantes de Cs y del PP que han modificado el sentido de su voto. Esta es la consecuencia más vergonzosa de la «estrategia Sánchez»: Marine Le Pen felicitando a Vox y todo el mundo destacando su escalada.

El análisis de los resultados en Tarragona lo dejo para mis compañer@s del Diari y los que siguen la política local día a día. Sin embargo quería dejar negro sobre blanco las cuestiones que siguen encima de la mesa sin resolver:

-Catalunya necesita un nuevo encaje en España y eso sólo se arregla sentándose a negociar. 
-Nadie ha propuesto cómo afrontar con medidas sociales y económicas una nueva crisis que puede dejar a más familias desprotegidas y elevar la desigualdad. 
-El desafío climático parece que sólo le importa a quienes lo van a sufrir: los jóvenes.
-Nuestro sistema de pensiones está al límite.

Es mucho pedir que se pongan a trabajar de una vez para afrontar todo esto?

* Periodista. Javier Pons inició su carrera en Radio Reus. Ha sido director de ‘El Terrat’, director de TVE y CEO de Prisa Radio. Actualmente dirige la productora Globomedia (Mediapro).

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