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Desde Estados Unidos. La batalla de la mayoría blanca conservadora

La decisión de Trump de, finalmente, no incluir una pregunta sobre ciudadanía, no es una derrota sino una victoria de una estrategia más profunda. Hay 12 millones de indocumentados en el país

Gustau Alegret

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Gustau Alegret

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Esta semana conocimos una cifra actualizada del peso de la población hispana en Estados Unidos. Basándose en los datos del Censo, el Centro de Investigación Pew reveló que en 2018, los hispanos en el país alcanzaron la cifra récord de 59,9 millones de habitantes, y según las previsiones, para el 2044 serán la minoría más importante (25 por ciento de la población) mientras que la población blanca dejará de ser mayoría (49,7 por ciento).

Es en este contexto que muchos votantes de Trump sienten que el país que conocieron está cambiando y va a continuar cambiando hasta el punto de que muy pronto ya no será un país liderado sólo por blancos, culturalmente anglosajones y protestantes. Esto, Trump lo entendió bien cuando lanzó su candidatura política, y esto sigue inspirando muchas de sus decisiones ahora como Presidente. La última, intentar incluir en el próximo cuestionario del Censo del 2020 una pregunta sobre ciudadanía. 

La intención de Trump la detuvo temporalmente la Corte Suprema tras una larga batalla 

La intención no es inocente. Trump quiere que en ese cuestionario, que se realiza cada diez años, se pregunte a todos los individuos que viven en el país si son o no ciudadanos estadounidenses. Como observador externo se podría pensar que es legítimo hacerlo, pero Trump y sus asesores saben que muchos inmigrantes no van a querer responder por miedo a ser luego identificados y —si son minorías, viven en situación irregular o tienen familiares en situación irregular— ser detenidos para enfrentar procesos de deportación. Se calcula que hoy en Estados Unidos hay alrededor de 12 millones de indocumentados. 

Desincentivar la participación de minorías en el Censo permitiría no contar a esas minorías en cosas tan importantes como el dibujo de los distritos electorales en el país para la Cámara de Representantes, que se definen teniendo en cuenta la población (hay proporcionalmente más distritos en California que en Montana porque en El Estado Dorado vive más gente por kilómetro cuadrado). 

La intención de Trump la detuvo temporalmente la Corte Suprema después de meses de hablar de ella y de una larga batalla legal. Los jueces le dijeron a Trump que querían más información, más argumentos técnicos porque los presentados para defender su idea era insuficientes. 

Dados los tiempos ajustados que se requieren para imprimir el Censo y poder cumplir con el calendario, Trump no tenía mucho tiempo, ni parece que muchos argumentos adicionales a los que ya expuso, por lo que este jueves desistió de su intención. El anuncio fue visto por algunos como una derrota para sus planes, pero esa marcha atrás fue, en el fondo, un victoria de una estrategia más profunda. 

El presidente olvida que la diversidad ha hecho a Estados Unidos un país grande

La lógica de Trump pasaba por conseguir que se hablara del Censo, y permitir que analistas y activistas debatiera y amplificaran sobre sus supuestas intenciones de utilizarlo para identificar a inmigrantes indocumentados, consiguiendo así que se extendiera la sospecha de que responder el cuestionario es algo peligroso para las minorías, particularmente la latina. 

Aún sin pregunta sobre ciudadanía, Trump ya ha conseguido lo que quería: que muchos vean el Censo del 2020 como una herramienta política de su gobierno, caracterizado, entre otras cosas, por sus políticas de mano dura con la inmigración. 
Esta campaña de debate, impulsada por la Casa Blanca, ha extendido el miedo y la desconfianza entre muchos residentes en Estados Unidos que, cuando les llegue el formulario, no van a querer completarlo. 

Un Censo parcial consigue el objetivo buscado por Trump y sus estrategas conservadores que viven con el miedo de ver cómo el país que piensan que es suyo, está cambiando y no pueden evitarlo. Temen un Estados Unidos menos blanco y más diverso. Olvidando, todos ellos, que este país es un país de migrantes, que ellos son también descendientes de migrantes legados en otro momento de la historia y que es exactamente esa diversidad la que ha hecho a Estados Unidos un país grande. 

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