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Abraza a tu cerdo. El caso de Suárez y Carrillo

Mandela, Gandhi o nuestras guerras, ejemplos. Antes que nosotros muchos bandos irreconciliables en nuestra historia supieron renunciar a sus grandes utopías a cambio del bien superior de la convivencia

LLUÍS AMIGUET

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LLUÍS AMIGUET

LLUÍS AMIGUET

Piense por un momento ahora conmigo en su cerdo: esa persona, personaje público o simplemente conocido, que usted odia cordialmente, y con razón, porque vomita odio, no se entera de nada y encima es del bando opuesto 
-y lleva la bandera contraria- a la que usted considera la correcta.

¿Ha visualizado ya a su cerdo? Pues tengo una mala noticia para usted: va a tener que aguantarlo mucho tiempo, porque la crisis que vivimos en Catalunya y España, y también la de las dos Españas, que no deja de ser la misma, no se va a solucionar pronto. Viene de antiguo y va para largo.

Y ahora llega el consejo, que recuerdo haber oído a mi abuelo cuando nos enseñaba sus cuadras: «Por mucho que te provoque no te pelees nunca con un cerdo, porque tú acabarás lleno de mierda y él chalará como un gorrino».

Es posible ponerse de acuerdo con alguien que piensa lo opuesto a usted, con humildad y buena voluntad

Y ahora, a cambio de un minuto de sincera reflexión, tras lo expuesto le daré la buena noticia: tal vez no podrá usted ponerse de acuerdo nunca con su cerdo en ese asunto que les divide, pero no hay nada que impida que compartan el resto de sus puntos de vista sobre educación, sanidad, urbanismo, derechos de la mujer, inmigración y tantas otras cosas que condicionan nuestras vidas mucho más que las identidades enfrentadas, que son sólo eso.

Porque las identidades son mentiras que existen sólo en la medida en que te las crees. Y puedes creer en varias, sólo en una o en ninguna.

Al fin y al cabo, los estados sólo son medios que sirven para que vivamos mejor, y no los fines a los que debemos servir. Por eso ahora podemos ponernos de acuerdo -hasta con nuestros cerdos- en los medios y dejar para la historia los fines.

Para aprender a abrazar a ese supuesto enemigo sólo hay que mirar al mundo y al pasado. Pensemos en Mandela. Madiba Mandela se entregó a las autoridades del apartheid, cuando le ofrecían un cómodo exilio en Londres para «internacionalizar la causa», tras declarar que no consentiría que ninguno de sus seguidores estuviera en la cárcel por él.

Para aprender a abrazar a ese supuesto enemigo sólo hay que mirar al mundo y al pasado

Y abrazaba a sus carceleros, sus cerdos, hasta ganarse el favor de la Humanidad entera y vencer al apartheid. Lo mismo hizo Gandhi con sus cerdos colonialistas ingleses. Pero también enseñan los errores, como la cruel guerra civil de la partición de la India con Pakistán, que ni siquiera los abrazos de Gandhi pudieron evitar o de nuestras guerras civiles españolas: también enseñan lo caro que cuesta no tolerar al que piensa diferente.

También antes que nosotros muchos bandos irreconciliables en nuestra historia supieron renunciar a sus grandes utopías a cambio del bien superior de la convivencia. Recuerdo al líder comunista Santiago Carrillo abrazando al exfalangista Adolfo Suárez en los pasillos del Congreso. Los dos fueron más felices abrazando a su cerdo que peleándose con él. Y el resto de los ciudadanos, que se beneficiaron de la paz y la convivencia, más todavía.

Así que si empieza a abrazar a su cerdo en vez de pegarse con él, su vida y su humor mejorarán. En vez de discutir sobre su identidad, pueden compartir un mismo punto de vista sobre la necesidad de mejorar la formación profesional y reducir el paro juvenil, que buena falta hace.

Es posible ponerse de acuerdo con alguien que piensa lo opuesto a usted, con humildad y buena voluntad. Y miles de jóvenes lo agradecerán.

Para abrazar a nuestro cerdo, debemos empezar por pensar que en realidad también es una persona como nosotros y que, como nosotros, quieren lo mejor para su país y para sus conciudadanos. Podemos construir juntos una nueva convivencia si en vez de las grandes utopías que nos separan nos dedicamos a cultivar los pequeños logros que nos unirán cuando los alcancemos.

En estos momentos, medio país piensa que el otro medio está imponiéndole su modo de pensar. Ahora mismo todos tenemos dos opciones respecto a nuestros cerdos. Y yo pienso como mi abuelo.

* Periodista. Lluís Amiguet es autor y cocreador de ‘La Contra’ de ‘La Vanguardia’ desde que se creó en enero de 1998. Comenzó a ejercer como periodista en el Diari y en Ser Tarragona. 

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