El confinamiento dispara las horas extra no pagadas

El confinamiento dispara un 21% el tiempo adicional trabajado sin percibir remuneración. Trabajadores temen denunciar por ‘quedar mal’ ante la empresa dada la situación de crisis

XAVIER FERNÁNDEZ/EFE

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El confinamiento dispara las horas extra no pagadas

«¿Que si he hecho horas extras durante el confinamiento? Pues claro que sí. Como todo el mundo. La empresa cerró la oficina, pero seguimos operativos con teletrabajo. Si antes al jefe no se le ocurría pedirme nada al mediodía, o una vez acabada la jornada por la tarde, ahora los mails eran constantes. No me quejé, claro. ¡Cómo iba hacerlo en las circunstancias que vivíamos!», explica María (nombre ficticio), empleada en una empresa del sector servicios. María prefiere no revelar su nombre «para no meterme en líos con el jefe».

Sigue María: «En otros momentos en que andábamos desbordados de trabajo, la empresa nos pagaba las horas extras o nos las compensaba con algún día de fiesta, sobre todo lo segundo. Pero ahora ni la empresa nos ha dicho nada ni yo pienso reclamar las horas extras, aunque sería lo suyo. ¿Por qué? Porque temo quedar mal, que me digan que ‘¿estando en crisis y con lo que ha pasado nos vienes a exigir que te compensemos las horas extras? ¿Es que no te das cuenta de lo mal que estamos?’. No me invento la frase. Se la dijeron a un compañero. Así que me tendré que aguantar. Otros están peor».

La situación de María refleja una realidad que prácticamente todos los sectores de la economía han vivido. En pleno confinamiento, y con una caída notable de las horas efectivamente trabajadas, se ha producido un repunte significativo de las horas extraordinarias no pagadas, un incremento que estaría asociado al teletrabajo.

De acuerdo con la Encuesta de Población Activa del segundo trimestre elaborada por el INE, las horas extra pagadas disminuyeron un 2,22 % respecto al primer trimestre, mientras que las no pagadas aumentaron un 21,36 % en tres meses en los que las horas efectivas de trabajo realizadas cayeron un 22,59 %.

Durante el segundo trimestre, 321.700 personas asalariadas hicieron 3,8 millones de horas extra no pagadas a la semana, lo que da una media de casi dos horas y media más al día por persona.

La estadística revela que el trabajo extra no remunerado aumentó significativamente más para las mujeres, que además hicieron por primera vez en la serie histórica un mayor número de horas extra no pagadas que los hombres.

«Desde luego que las que más pringamos fuimos las mujeres. Mis hijos ya no viven conmigo y mi marido trabajó presencialmente. Yo no tuve problemas, pero tengo amigas con niños pequeños para las que teletrabajar en casa y cuidar a los niños fue muy complicado, aparte de que alguna tuvo que compartir el ordenador de casa con su pareja, que también teletrabajaba», explica María.

Un total de 167.700 mujeres, 35.500 más que el trimestre anterior, hicieron dos millones de horas extra no pagadas a la semana, 605.100 más que en el primer trimestre, mientras que 154.000 hombres, 2.800 menos, hicieron 1,8 millones de horas extra sin pagar a la semana, 63.400 más.

De esta forma, mientras que para las mujeres las horas extra semanales no pagadas aumentaron un 43,77 %, para los hombres lo hicieron un 3,63 %.

El aumento de las horas extra no pagadas realizadas por mujeres se concentró en el sector de la educación, donde 67.500 trabajadoras realizaron 955.800 horas no pagadas a la semana entre abril y junio, frente a las 29.700 que hicieron 278.700 horas sin remunerar entre enero y marzo, según los datos de la EPA.

También los hombres trabajaron más horas extra sin pagar en el ámbito de la educación (413.200 a la semana frente a las 131.500 del trimestre anterior), pero suponen el 43 % de las asumidas por mujeres. La educación es un sector en el que las mujeres son el 66,3 % de los ocupados.

Presiones de la directiva

Según fuentes de Ustec (Unió de Sindicats de Treballadors de L’Ensenyament de Catalunya), el problema radica en el decreto de autonomía de los centros que «permite que un director/a pueda presionar a los profesores para que hagan más horas y estos cedan por el miedo a que al año siguiente no les renueven la plaza. Algunos profesores incluso han trabajado en domingo, pero tienen que ser conscientes de que nadie les puede obligar».

El sindicato negocia con el Departament el marco que regule el teletrabajo, sobre todo si se produce un rebrote de coronavirus y el curso que viene no puede ser presencial, como ya ocurrió con el final del curso pasado.

Para la presidenta de la Asociación Nacional de Laboralistas (Asnala), Ana Gómez, es evidente que el teletrabajo ha supuesto una sobrecarga de horas extra por la forma y las circunstancias en las que se ha implantado durante la pandemia. «A cualquier hora, por las noches, los fines de semana... Ha sido una situación excepcional que ha sobrepasado a empresas y trabajadores», asegura.

El profesor de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Valencia, Daniel Toscani, considera que, pese a la entrada en vigor del registro horario obligatorio hace poco más de un año, «las horas extras en negro son un problema endémico de difícil solución».

«No se registran, no se denuncian y nadie las controla», añade Toscani, que también apunta que las extras pagadas son un mecanismo «preferente» de las empresas antes de contratar más gente. «Les compensa hacer horas extras antes que contratar a personal para cubrir ese trabajo», afirma.

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