Cultura Entrevista

Gustavo Martín Garzo: «No puedes crear para el niño un mundo lleno de perfecciones. Lo oscuro forma parte de la vida»

El autor recupera en El árbol de los sueños, «esa vieja magia que hay en el arte del contar», un libro de relatos para saborear sin prisa en las largas horas de la noche.

Gloria Aznar

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El escritor Gustavo Martín Garzo.

El escritor Gustavo Martín Garzo.

Una madre cuenta historias a sus dos hijos al caer el día. Son historias que ha ido escuchando a lo largo de sus viajes, relatos donde las cosas soñadas conviven con naturalidad con las reales. El árbol de los sueños, de Gustavo Martín Garzo (Galaxia Gutenberg) es un recopilatorio de cuentos tejidos por el amor y, al mismo tiempo, un homenaje a Las mil y una noches. Cuentos para huir de la realidad, pero en los que también la maldad y la crueldad tienen cabida, porque como defiende su autor, estas forman parte de la vida.

Es un homenaje a Las mil y una noches…
En efecto. Es un proyecto muy antiguo, que he tenido presente desde que empecé a sentirme un escritor. Siempre deseé ponerme a prueba y ver si era capaz de escribir mis propias Mil y una noches.

Una empresa ingente.
Evidentemente, nunca me sentía con fuerzas para poder afrontarlo porque me parecía algo excesivo. Como todos esos libros medievales europeos, como El Decamerón, Los cuentos de Canterbury o El conde Lucanor… No son de uso de autor, sino que están construidos con relatos que circulan, que a alguien en un momento determinado se le ocurre recogerlos. Incluso El Decamerón está firmado por Boccaccio, pero él lo que hace es poner el oído en toda esa larga tradición oral y, tal vez atraído por ella y también por el temor a que pudiera perderse, pues la escribe. A mí me apetecía escribir una historia en la que, de alguna manera, se pudiera recuperar esa vieja magia que hay en el arte de contar. Creo que el contar es algo que forma parte de la naturaleza humana.

«También hay una belleza en la oscuridad. En los pantanos, en las ciénagas a veces hay flores que son increíbles, de una belleza subyugadora. Todo esto habla de lo contradictorio que es nuestra vida».

Pero los cuentos de ‘El árbol de los sueños’, ¿de dónde han surgido?
Hay una combinación de todo. Nacen, evidentemente, de mi propia vida, pero también de las lecturas que he podido hacer, que es como decir de mi propia vida. Porque leer no es diferente a vivir. Leemos para sentirnos vivos, para hacer que nuestra vida sea más intensa. También surgen de cosas que he podido oír en algún lugar, que me han podido contar, de películas que he visto, de museos que he visitado… Es una especie de autobiografía de todo ese mundo de relatos que nos acompaña a lo largo de la vida. Vivimos en un mar de historias que nos llegan por distintos lugares. Y, naturalmente, esas historias dan lugar a otras que te inventas y que tienen que ver con las apuestas de tu propia imaginación. Es una reivindicación del mundo de contar.

¿Se está perdiendo?
Podría ser. Para mí, la imagen fundacional de la literatura es ese momento mágico en que un niño tiene que acostarse. Coge de la mano al padre, a la madre, al abuelo, al adulto que lo está cuidando y lo lleva a la cama, pidiéndole que le acompañe en ese momento tan especial que es cuando se va a quedar solo, justo cuando llega la noche. Y la noche para el niño es un espacio complicado, incluso terrible porque la noche es oscuridad, es el mundo indeterminado, donde todo puede suceder. La noche es como el bosque de los cuentos, es un bosque oscuro. Entonces, cuando el niño le pide al adulto un cuento, es como si le estuviera diciendo que se quede un poco más con él. Cuando se le cuenta un cuento a un niño, en el fondo el adulto le está diciendo que no se preocupe, que se queda solo, pero naturalmente está a su lado. De alguna forma, el cuento aporta consuelo.

El personaje de Namir dice que hay tres formas de relacionarse con el mundo. Los que quieren entenderlo, los que quieren transformarlo y los que quieren escuchar, los que hablan con él.
Los niños, los poetas y los amantes pertenecen claramente a la tercera categoría. Son los que quieren hablar con el mundo. Y el niño es el paradigma de todo esto.

¿Usted a cuál pertenece?
Me gustaría estar en la tercera categoría. Porque narrar es un poco como escuchar todas las voces del mundo. Todo habla. No solo las personas, sino también los animales y los árboles. Eso se ve muy bien en los cuentos infantiles y en el mundo del relato y del mito. Cuando te asomas a los mitos griegos, resulta que es un mundo de transformaciones sin fin, donde no existe esa ruptura actual tan contemporánea, tan racional y tan cosmopolita y urbana entre el ser humano y la naturaleza. Los ríos han sido antes dioses o personas que han vivido historias. Dafne se transforma en un laurel para escapar de la persecución de Apolo… Todo ese mundo de las transformaciones lo que revela es que hay una continuidad entre el ser humano y todas las criaturas del mundo y ese sentimiento, el ser humano moderno lo ha perdido.

«Leer y escribir las concibo como una aventura y la aventura te lleva a lugares inesperados, te mete en líos, pero también te lleva a sitios inexplicables que te dejan absorto y lleno de asombro».

¿No estamos conectados con la naturaleza?
No sabemos escucharla, ni siquiera sabemos mirar a los animales ni sentirnos mirados por ellos. Y eso a los niños no les pasa, porque todo les llama la atención. Viven en un estado de permeabilidad absoluto y es extraordinario porque les permite estar en contacto con todos los seres que pueblan el mundo y sentirse que forman parte de él. De alguna manera, el mundo del relato recupera esa continuidad perdida entre el hombre, la mujer y el mundo.

Sus relatos son muy bellos pero también muy crueles. ¿La crueldad puede ser hermosa?
La vida es así. La literatura aspira a dar cuenta de la totalidad de la vida. Y si en la vida hay tristeza, pérdida, crueldad… No lo podemos negar.

«No sabemos escuchar la naturaleza, ni siquiera sabemos mirar a los animales ni sentirnos mirados por ellos. Y eso a los niños no les pasa, porque todo les llama la atención».

Y se cuenta bonito…
El mundo de los cuentos es muy ejemplar en este sentido. Los que consideramos para niños, los cuentos de hadas, los cuentos maravillosos, son a veces muy cuestionados en estos momentos por su componente cruel. Pero es importante contarles esos cuentos a los niños porque se van a encontrar eso en la vida. Tú no puedes crear para el niño un mundo lleno de perfecciones, un mundo donde lo contradictorio, lo oscuro, lo no deseable no aparezca, porque entonces se va a llevar un montón de decepciones. Muy pronto va a comprobar que el mundo con el que se encuentra no es como esas historias. Yo creo que los cuentos deben ser capaces de hablar absolutamente de todo. El relato es el mundo de la libertad absoluta.

¿Ha sido libre escribiendo?
Ha sido un libro muy gozoso de escribir. Me he dejado llevar por las historias, que a veces me han llevado a lugares inesperados. Es verdad que me daba cuenta de que esos lugares no eran siempre gratos de visitar, sino oscuros, en los que incluso aparece lo siniestro, lo indeseable. El mal, en definitiva. Pero sentía que tenía que visitar también esos lugares, si lo que quería era contar todas esas historias que caben en nuestra vida. Porque en el corazón humano cabe todo, el amor, los celos, la envidia, la ambición, la locura… Todo eso forma parte de nosotros. Quería que ese libro de los libros, que aspira a contenerlo todo, no dejara de lado nada por el temor a poder asustar o a que a alguien no pudiera gustarle.

«Contar historias forma parte de la naturaleza humana».

También se pasea por todas las culturas.
Porque se basa en las tres grandes tradiciones que forman parte de nuestra cultura. La hebrea-cristiana, la griega y la oriental. Son las que nos han alimentado a lo largo del tiempo y constituyen un poco la cultura occidental.

¿Tiene muchos sueños?
¿Por contar?

O por vivir…
Espero que sí. La verdad es que este libro me ha dejado un poco extenuado y al terminar me pregunté qué iba a hacer. Pero la escritura es una adicción. Leer y escribir las concibo como una aventura y la aventura te lleva a lugares inesperados, a lugares que no conoces, te mete en líos, pero también te lleva a sitios inexplicables que te dejan absorto y lleno de asombro. En ese sentido, el escritor es como un vagabundo, alguien que no sabe a dónde va, alguien que camina y se va encontrando cosas y luego da cuenta de todo eso que ha vivido. Y creo que ese camino que recorre es el camino de la vida. ¿Por qué lees si no? Para escaparte, pero no porque quieras huir, sino porque la realidad no te satisface. Porque esta es solo una parte de la realidad.

«Lo maravilloso también es inquietante porque es disruptivo».

¿A quién le puede satisfacer esta realidad?
Eso digo yo. Pues como pasa en Narnia, unos niños se encuentran con un armario y abren una puerta que les lleva a una realidad distinta, que solo ellos ven. O en Alicia en el país de las maravillas, cuando se cuela por el hueco de ese árbol y tras la persecución de ese conejito extraño, que lleva chistera y un reloj de bolsillo, accede a ese mundo de las maravillas, en el sentido amplio de la palabra. Porque el país de las maravillas de Alicia a veces es terrible.

Igual que el suyo.
Porque lo maravilloso siempre es ambivalente. Pero la esencia que late en este libro es el amor. Lo supe desde el primer momento. Lo amoroso es la irrupción de lo maravilloso en la vida. Porque en el momento en que surge el sentimiento amoroso, el momento del enamoramiento, entras en otra dimensión completamente diferente. Esa pareja que se enamora no sabe muy bien qué les está pasando, no sabe muy bien qué es lo que sienten, solo que se sienten como arrebatados por una fuerza incomprensible que les lleva a mirarse y a decirse cosas que no sabían que podían decir y hacer. Por lo tanto, están en el mundo de lo maravilloso. Pero lo maravilloso también es inquietante porque es disruptivo, en el sentido de que atenta contra lo real, de alguna forma.

«Leer no es diferente a vivir. Leemos para sentirnos vivos, para hacer que nuestra vida sea más intensa».

Y no sabes a dónde va a llevar.
Esto es. Y el mundo amoroso es así. No se sabe lo que va a suceder e incluso en muchos momentos lo que se tiene es miedo. El primer momento del enamoramiento es como un susto porque no se entiende nada. Pero si quieres vivir, no puedes evitar acudir a él. Es la ambivalencia de lo maravilloso y también la ambivalencia de lo sagrado. Esa ambivalencia he querido rescatarla en todas las historias, por lo que todas tienen esa otra dimensión porque la vida es así, para bien y para mal.

¿La belleza de la maldad?
También hay una belleza en la oscuridad. También hay una belleza en la noche. En los pantanos, en las ciénagas a veces hay flores que son increíbles, de una belleza subyugadora. Entonces, yo creo que todo esto habla de lo contradictorio que es nuestra vida. Nunca es una sola cosa. Vivimos en la contradicción y hay que saber vivir en ella porque si no, nos perdemos una parte esencial de la vida.

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