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«¿Cómo no voy a volver a Cambrils? Aquí cumplo dos años de vida»

Rubén y Núria, víctimas de los atentados, denuncian olvido pero superan poco a poco secuelas físicas y mentales

Raúl Cosano

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Rubén y Núria, víctimas de Cambrils, ayer ante el Memorial. Foto: Alba Mariné

Rubén y Núria, víctimas de Cambrils, ayer ante el Memorial. Foto: Alba Mariné

Su DNI dice que nació en Buenos Aires hace 56 años y que vive en Barcelona. Pero Rubén Guiñazú ahora siempre lo corrige: «He seguido volviendo a Cambrils. Y ahora, ¿cómo no voy a venir? Si cumplo dos años». Él piensa que, en realidad, nació de nuevo aquella madrugada ante el Club Nàutic. «Estoy recuperándome poco a poco, retomando la vida normal, el trabajo…», dice, junto al Memorial per la Pau, donde él y su pareja, Núria Figueras, asistieron ayer al homenaje a las víctimas, con la presencia del president de la Generalitat, Quim Torra.

Rubén disfruta de esos dos años de vida, después de haber estado a punto de perderla. Aquella noche fue operado durante más de cinco horas en maxilofacial de Joan XXIII de las graves heridas que le provocó una hoja de 14 centímetros de un cuchillo que le seccionó partes de la lengua, las amígdalas y las cuerdas vocales. Dejó el hospital tarraconense después de ocho días, la mayor parte en la UCI, y estuvo en la Vall d’Hebron hasta el 5 de septiembre.

Hoy lucha por volver a su día a día normal, con una mezcla de sentimientos extraños, que juntan el progreso cotidiano con la sensación de abandono como afectados. «Pienso que me salvé por algo, así que cumplo mi segundo año de vida. Estoy mejor este año que el pasado. Es un mal recuerdo, pero no te puedes quedar con eso, porque hay cosas mejores en la vida. El miedo no pasa, pero lo vas asimilando», explica Rubén.

Tanto él como Núria volvieron el año pasado. Lo hicieron para la ceremonia de homenaje pero también una semana antes, el momento decisivo. «Fue cuando vimos si estábamos preparados para venir. Costó un poco», recuerda él. Necesitó incluso reconstruir aquellos pasos del itinerario previo al ataque que sufrió junto al Nàutic a manos de los yihadistas que sembraron el terror aquella noche de verano en la villa marinera.

«No nos poníamos de acuerdo con la distancia. Ella, Núria, decía una y yo, por estar herido, otra. Pierdes la noción. He vuelto a pasar por el mismo lugar. Reconstruimos lo que hicimos, cómo fue… he vuelto a pasar por el mismo sitio, recuerdo que veníamos paseando por el Nàutic, caminamos por ahí y en la primera papelera nos atacó el terrorista», rememora él. «De alguna forma, aprendes a convivir con tu nueva situación», dice ella.

Una nueva vida

Atrás queda aquella noche de pesadilla que siempre cuesta recordar: «Yo mismo me quité el cuchillo que me clavaron y, con la adrenalina del momento, mi primera intención era tirárselo a él –al atacante– después, pero ya comenzó a salir tanta sangre que me empecé a ahogar. Yo le decía a Núria que me moría», relata él.

Rubén se adapta hoy a esa nueva vida, en la que cumple dos años, con alguna secuela física en el rostro, como un menor parpadeo del habitual, un labio algo más caído de lo normal y una cicatriz de varios centímetros en la cara que, con el paso del tiempo, se irá borrando.

Luego queda la batalla psicológica, larga y dura, que aún se libra. «En mi caso, en el mes de marzo no es que me dieran el alta, pero me dijeron que no podían hacer nada más ya. Entonces, yo pienso: ‘¿Qué pasa si en medio año tengo un bajón?’. Por ejemplo, a Rubén le pasó más tarde», explica Núria.

A él puede que en septiembre la revisión psicológica le permita poner fin a ese tratamiento, al menos en un principio. Entre otras circunstancias, Rubén señala uno de los aspectos que más le exigieron en su recuperación: «A mí me costó mucho reconocerme como víctima. Yo pensaba que me habían herido, sí, pero eso fue algo muy rápido, me faltaba dar ese paso y reconocerme como una víctima. No me di cuenta hasta al cabo de tres o cuatro meses, prácticamente hasta final de año».

Rubén explica la razón: «Me costó asumir que aquello no había sido casualidad, porque yo viví la parte de dentro del hospital directamente. A las horas yo estaba en el hospital y mi vida fue dentro de una camilla. No es lo mismo un herido como el que yo fui que un testigo, que lo vio más o menos de cerca, le impactó, se fue a su casa, le dio vueltas…».

Descontentos con el trato

Ambos están muy descontentos con el trato que han recibido como afectados. En el acto de ayer tuvieron oportunidad de hablar con Quim Torra. «Al presidente le he dicho que las víctimas tienen nombre y apellidos pero ni en Barcelona ni en Cambrils veo que estén. En Madrid, por el 11-M, hay nombres y apellidos, por no hablar del 11-S... pero aquí no.

Aquí hemos sabido decir ‘no tenim por’, lo hemos verbalizado, pero no hemos sabido hacerlo efectivo», cuenta Núria, que añade: «Falta un recuerdo con el nombre, y hablo de la gente a la que le quitaron la vida. No podemos cosificar las cosas, estamos hablando de personas. No puede ser que nadie se acuerde de Pau Pérez. La gente que fue asesinada tiene que tener nombre y apellido».

Núria también reclama «una única ley de víctimas de terrorismo para Europa»: «Estoy en contacto con las víctimas de Bataclan –la sala de conciertos de París atacada por yihadistas en noviembre de 2015– y el trato que han recibido no es el mismo que el nuestro, no tiene nada que ver».

Atrás queda un periplo muy duro hasta el reconocimiento como víctimas. Núria denuncia las dificultades: «Hay gente a la que no consideran víctima porque no estaban en la dirección de la furgoneta. ¡Claro! ¡Si lo estuvieran habrían muerto! Otra cosa es que te vienen a ver desde Interior. ¿Cuándo se considera el momento cero? ¿Cuando te vienen a ver o cuando se hacen efectivas las necesidades que tienes?», se pregunta, y lamenta: «A veces te sientes un número de un expediente. Cuando te pasa algo así, te ves desbordada. Tienes que saber de leyes, de médicos…».

«Lo veníamos denunciando»

También denuncian que no se les haya notificado oficialmente desde la administración la organización del homenaje de ayer. «Es una muestra de que las víctimas de Cambrils éramos de segunda. Es algo que veníamos diciendo nosotros desde hacía tiempo y esto lo confirma», recalca Rubén.

«Nos hemos enterado por la prensa y por la asociación de víctimas, por Robert Manrique –en relación al asesor de la Unitat d’Atenció i Valoració d’Afectats pel Terrorisme (UAVAT)–. Desde el Ayuntamiento de Cambrils nos decían que no habían organizado nada, prácticamente que era una cosa personal del President. Y yo me pregunto: ‘¿Viene Torra y no es un acto institucional? ¿Qué es, entonces? Yo puedo entender los problemas de partidos entre PDeCAT y ERC, porque a veces todo queda reducido a eso, y puedo comprender que no vayan de la mano, ¿pero no pueden ellos empatizar con nosotros como víctimas?», se cuestiona Figueras.

Ambos reivindican la relevancia que tuvo Cambrils en los trágicos sucesos. «Aquí se abatieron a cinco terroristas. Eso lo vimos nosotros. ¿No se acuerdan de eso? Me da rabia», añade Núria. Denuncian la falta de comunicación. «Nos lo ponen todo muy difícil. Tampoco ha venido esta vez la familia de Zaragoza. ¿Por qué no nos lo comunican y ya decidiremos si vendremos o no?», explican ellos, que en el acto de ayer avisaron al protocolo de Torra de que eran víctimas de los atentados para poder dirigirse a él.

A pesar de los sinsabores y de esos olvidos denunciados en reiteradas ocasiones por las víctimas, Núria y Rubén luchan por seguir adelante y se quedan con lo bueno. «Estoy contenta de ver que se puede pasar página y de que las ciudades tiran adelante», dice ella. Él, intentando dejar atrás las secuelas, habla de sus agresores sin rencor: «No siento odio hacia ellos, sino más bien lástima. Eran unos chicos jóvenes que se dejaron embaucar, les comieron la cabeza». Rubén culmina: «Me da pena que haya gente que siga cayendo en esto de los falsos profetas. Es una especie de ejército oculto. Tendrían que buscar y perseguir a la gente que les hace eso, que les come la cabeza así».

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