¡Tarragona!

El equipo del señor Ricomà ni tiene ambición, ni liderazgo, ni cohesión interna, ni  por no tener, no tiene ni un proyecto de ciudad más allá de ir tirando el día a día

Rubén Viñuales

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Rubén Viñuales

Rubén Viñuales

En ocasiones, lo confieso, me planto delante del Pla de la Seu y observo la catedral. Pienso en los tarraconenses que nos han precedido. En el sufrimiento de los que construyeron esta catedral (inacabada por el inicio de la peste negra) y en el heroísmo de los valientes ciudadanos de Tarragona que justo en este lugar construyeron la última línea de defensa de la ciudad, en 1811, ante el invasor napoleónico. Recordemos su lema: «abans morir que rendir-nos». Podemos ser derrotados, sí, pero nunca nos pasaran por encima ni obtendrán nuestra claudicación.  

Un pasado tan glorioso nos obliga a volver la vista atrás pero, sobre todo, a observar el presente y proyectarnos hacía el futuro. Y cuando veo como se han comportado mis conciudadanos durante este último año de pandemia se me pone la piel de gallina, literalmente. 

Todos lo hemos visto, en los hospitales y en los centros de atención primaria, a pie de calle, levantando cada día la persiana del comercio sin bajar los brazos, en la forma como tranquilizábamos a nuestros hijos y en el amor inmortal con el que enterrábamos a nuestros difuntos.   

Estos tarraconenses, hombres y mujeres valientes, nos recuerdan que el heroísmo no precisa de fuerza física o de poder económico. El heroísmo está aquí, entre nosotros, en el comportamiento cotidiano de muchos de vosotros durante estos meses de pandemia: llevando la compra de la comida a nuestros mayores, ayudando a quien más lo necesita de la familia, creando una red infinita de solidaridad y afecto. Cada uno de vosotros y vosotras os merecéis un monumento. Sois inmensos. 

¿Está esta actitud en la actual suma de gobierno del ayuntamiento de Tarragona (y sus socios)? Lamentablemente no. Y no pongo en duda su honorabilidad o sus ganas de hacerlo bien, pero creo que es evidente para todos que el equipo del señor Ricomà ni tiene ambición, ni liderazgo, ni cohesión interna, ni  por no tener, no tiene ni un proyecto de ciudad más allá de ir tirando el día a día.

Que a estas alturas, a mitad del mandato, todavía estén debatiendo la conformación del gobierno de coalición (partidos, responsabilidades y organigrama municipal) nos da una idea del guirigay reinante.

Y es una auténtica pena porque esta ciudad lo tiene todo para triunfar. Hay talento, hay determinación y hay ganas. Pero no quiero perderme en recriminaciones. Porque en lugar de señalar con el dedo o decretar culpabilidades quiero, como diputado por Tarragona, escuchar con más atención a todos, empatizar con aquellos que discrepan de mis opiniones y hacer todo lo posible para lograr la materialización de nuestras esperanzas en resultados concretos. 

Por tanto, quiero compartir con vosotros cual será mi actitud como diputado de la ciudad en el Parlament. Me he jurado a mí mismo no perderme en la politiquería de cartón piedra que tantas energías nos ha hecho perder estos últimos años. Ni insultos, ni recriminaciones, ni acusaciones de «botifler». 

Segundo, no me interesen ni los planes secretos, ni las concepciones metafísicas sobre la identidad de la patria pura. Quiero aportar en el Parlament mi granito de arena para hacer que vuestra vida sea mejor. Así de simple, así de claro. Gracias a todos y todas aquellos que con vuestro voto lo habéis hecho posible, y gracias también a los que no me habéis votado. Sí, porque cuando hablo de Tarragona yo no tengo adversarios, solo veo a amigos que comparten mí mismo sueño de ciudad líder en bienestar social y ciudad orgullosa de su singularidad y grandeza. Y como todos habéis comprendido, cuando hablo de grandeza no me estoy refiriendo a las piedras. Estoy hablando de ti.  

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