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Las ramblas de Tarragona convertidas en terrazas de bares

El cierre de la restauración tiene como consecuencia que los bancos de las avenidas se llenen de tarraconenses tomando café o comiendo

Carla Pomerol

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Los bancos de la Rambla Nova son los más preciados para sentarse al mediodía. FOTO: PERE FERRÉ

Los bancos de la Rambla Nova son los más preciados para sentarse al mediodía. FOTO: PERE FERRÉ

Las ramblas de Tarragona se han convertido en el último mes en terrazas de bares y restaurantes improvisadas. A la hora de desayunar o de comer, no hay ni un solo banco que se libre de ser ocupado. Y es que los tarraconenses han encontrado la alternativa legal a la tan nuestra tradición de tomar un café o comer en un restaurante de menús un mediodía cualquiera. La causa de este cambio de hábitos tiene su origen en el cierre de locales de restauración que decretó la Generalitat hace un mes, con el objetivo de combatir la ola de contagios de la Covid-19.

La rambla reina de los desayunos es la Nova, una vía con récord de número de cafeterías y panaderías por metro cuadrado. Begoña y Teresa son profesoras del Col·legi Les Carmelites, ubicado en la avenida Estanislau Figueres. Antes del cierre de la restauración, las dos docentes tenían como costumbre sentarse dentro de un bar cercano a la escuela. «Ahora, hemos cambiado nuestros hábitos. Venimos hasta la Rambla Nova, compramos el desayuno en el Forn Enrich y nos sentamos en uno de los bancos», explica Begoña, quien también resalta el lado positivo. «Respiramos aire limpio, el solecito nos toca y saludamos a gente», añade.

Patricia y Francisca, madre e hija, no están tan a gusto con esta nueva normalidad. Hacen un break para desayunar en un banco de la Rambla Nova. «Muchos días no encontramos sitio para sentarnos. O bien porque están todos los bancos ocupados, o porque la gente deja el recipiente del café y el envoltorio del bocadillo por allí. Algunos están asquerosos», asegura Patricia.

Antoni Bosch, jubilado, también ha sustituido el bar por un banco. «Sobre las diez y media ya estoy aquí. Si vengo más tarde, no hay sitio. Antes de ir a buscar el café, me compro el Diari de Tarragona», explica Bosch. El encargado del quiosco Roslena de la Rambla asegura que en las últimas semanas ha notado un aumento de ventas de periódicos. «No pueden leerlo en el bar y lo compran», añade.

Tanta es la afluencia de tarraconenses en las ramblas, que el Ayuntamiento se ha visto obligado a poner unas pegatinas en los bancos con el mensaje de Espai reservat per a persones majors de 65 anys.

A falta de menús...

Anna trabaja en la Rambla President Francesc Macià. Antes del cierre de bares y restaurantes, casi cada día comía un menú económico en un bar de la zona. Ahora, se sienta en un banco, y se lleva el tupper de casa. En el banco de al lado se encuentra un grupo de chicas. Son trabajadoras de una clínica dental que hay en la misma Rambla President Francesc Macià. Explican que van de turno partido y que tienen una hora para comer. «El comedor de la clínica es muy pequeño y no cabemos todos si tenemos que respetar las distancias. Optamos por salir», explica una de ellas. Las principales arterias de la ciudad se llenan de gente para tomar algo y, sobre todo, para sociabilizarse, a la espera de que los bares abran.

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