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Incertidumbre en Bolivia tras las elecciones

CARLOS IAQUINANDI

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Incertidumbre en Bolivia tras las elecciones

Incertidumbre en Bolivia tras las elecciones

Si bien los sondeos otorgan una mayoría al Movimiento al Socialismo, los cambios de última hora dispuestos por el gobierno boliviano eliminando el tradicional conteo de votos en cada mesa, impondrán una pausa tras la finalización de la votación de ayer, que por la diferencia horaria coincide con el cierre de esta edición. De todos modos, será necesario esperar el recuento definitivo durante la jornada del lunes o quizás más, porque no es suficiente con una mayoría, sino que depende del margen del ganador. Es necesario que el vencedor supere el 40% de los votos y tenga al menos un 10% de ventaja sobre el segundo.

Quizás por eso, poco antes del cierre de las urnas, Evo Morales, exiliado en Buenos Aires, se hizo presente en el centro de votación para migrantes bolivianos en la capital argentina. Allí hizo declaraciones y entregó un comunicado de prensa. En él pide a sus partidarios que se mantengan en calma y que no caigan «en ningún tipo de provocación». También pide a las fuerzas armadas que «cumplan con su rol institucional y constitucional». Afirmó que acompañaba a su pueblo en su compromiso con la patria, votando con tranquilidad. «Lo principal –dijo- es recuperar la democracia». Frente a la decisión del Tribunal Supremo Electoral de pasar directamente al conteo oficial, en lugar de hacer los procedimientos habituales a pie de urna, afirmó que el MAS tiene sus representantes y su propio sistema de control y sus delegados harán el recuento y el seguimiento en cada mesa.

Estos cambios imprevistos en las formas del proceso electoral habían sido denunciados por el propio candidato del MAS Luis Arce, quien también expresó su extrañeza de que los responsables del traslado de la información electoral sean los militares y no el personal administrativo del ministerio.

También sorprendió la medida oficial de prohibir sacar fotografías de las actas de cada mesa, una forma habitual de garantizar que los documentos emitidos son los que llegarán a destino. Se abre entonces un tenso compás de espera. El gobierno ha desplegado cientos de soldados fuertemente armados en la capital. La población ha votado masivamente y con tranquilidad, guardando las medidas de prevención sanitaria. De confirmarse su victoria, el Movimiento al Socialismo podría continuar el proyecto de país que puso en marcha Evo Morales al ser elegido presidente en el 2005.

Recordemos que en las elecciones de diciembre del 2019, fue reelecto con el 47% de los votos, pero aunque inicialmente su victoria fue homologada, luego surgieron acusaciones de fraude. Y tras varios días de agitación desde los medios opositores, los golpistas ocuparon la Casa de Gobierno.

El epicentro subversivo fue Santa Cruz de la Sierra, un departamento controlado por latifundistas y refugio de fascistas europeos. De allí salió Luis Fernando Camacho, el personaje que encabezó sectores de ultraderecha y de la policía contra el gobierno constitucional. La represión duró varias semanas y provocó decenas de muertos y heridos, en especial en barrios populares.

Con el MAS se inició una etapa de profundas transformaciones. Una nueva Constitución que declaró a Bolivia como un estado laico y plurinacional, integrando así las diversas etnias eternamente postergadas y marginadas. Avances en sanidad, educación y en la legislación laboral.

En lo económico, el estado asumió el control de empresas básicas a través de la nacionalización de los recursos de hidrocarburos y otros estratégicos. Esa medida invirtió la relación de los beneficios. Hasta entonces el 73% de las ganancias era para las empresas extranjeras y el 27% para el estado. Bolivia recuperó los derechos sobre sus recursos. Se quintuplicó la producción de gas natural, obteniendo grandes ingresos por la exportación a Brasil y Argentina. También se recuperó la propiedad estatal en áreas claves como telefonía, metalurgia, alimentación, transporte aéreo y construcción. Se aprobó una reforma agraria que recuperó tierras ociosas y latifundios improductivos (más de un millón de hectáreas) para ser repartidas entre familias campesinas.

Evo Morales se inspiró en el pensamiento indígena que se contrapone al desarrollo convencional del crecimiento, y del dominio de la naturaleza. Planteó un nuevo modelo de convivencia con el entorno natural, donde el eje es lo comunitario frente al individualismo extremo propio del capitalismo. A pesar de la resistencia de los sectores que tradicionalmente se repartieron las prebendas del poder como si se tratara de una herencia, se fueron consolidando medidas que mejoraron sensiblemente la vida de los sectores mayoritarios: indígenas, campesinos y trabajadores urbanos. Se definió que la economía debía ser «plural», dando cabida a iniciativas estatales, privadas, cooperativas, etc. pero siempre bajo la orientación del estado y en base a las necesidades comunes. El PIB per cápita prácticamente se triplicó pasando de 1.051 dólares en 2005 a 2.919 en 2013.

Contra ese proyecto de país en marcha, se impulsó el derribo del gobierno a fines del año pasado. Y desde entonces, en once meses la presidenta provisional Jeanine Añez y su elenco de gobierno, han provocado fuertes retrocesos sociales y económicos al país, creando una situación insostenible. El desempleo que era del 4,8% se disparó a 11,8. Según la CEPAL, la pobreza extrema que estaba en el 12,9% subió al 16,8. Y la deuda externa volvió a dispararse.

Con los golpistas cayeron también los indicadores en educación y sanidad públicas. Se quitaron derechos y beneficios a los trabajadores y ayudas al campesinado. Cada medida regresiva originó protestas que fueron reprimidas, Pero finalmente el gobierno accedió a convocar nuevas elecciones. Ahora, queda esperar que se realice sin imprevistos el recuento de votos y se conozca el resultado.

Es de esperar que esta vez la comunidad internacional no permita que la voluntad popular sea burlada nuevamente. Y menos aún, que consienta una nueva represión violenta contra el pueblo boliviano.

Carlos Iaquinandi: Periodista. Fundador del Centro Latinoamericano de Reus,miembro de diversas plataformas sociales, coordinador de la Agencia SERPAL (Servicio de Prensa Alternativa) y colaborador de diversos medios de comunicación internacionales.

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