Opinión El mirador

El Sant Jordi alternativo no fue Sant Jordi

Quien se levantara ayer con el ánimo de pasear por la Rambla Nova entre puestos de libros y rosas seguro que sufrió una gran decepción

ÁLEX SALDAÑA

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ÁLEX SALDAÑA

ÁLEX SALDAÑA

Quien se levantara ayer con el ánimo de pasear por la Rambla Nova entre puestos de libros y rosas seguro que sufrió una gran decepción. Y es que la tradición es la tradición y toca cuando toca. Resultó encomiable y digno de elogio el esfuerzo realizado –siempre es bienvenida cualquier acción que trate de incentivar la lectura y la compra de libros– por tratar de hacer de este 23 de julio una jornada alternativa al 23 de abril que nos robó el confinamiento, pero el espíritu de Sant Jordi, esa fecha que es mucho más que el Día del Libro, no se presentó a la cita. Al menos, no como nos tiene acostumbrados. Las restricciones que han impuesto los nuevos brotes de coronavirus también nos han escamoteado esta fiesta suplente. Porque nada fue igual. Controles de temperatura, colas manteniendo la distancia, miedo a tocar, miedo a ser tocado, mucho miedo. Un miedo, por otra parte, necesario para no incurrir en imprudencias. Y, sin embargo, como en aquel poema de Machado –«Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido…»–, una pareja que, enamorada, cumplía el rito de regalarse un libro y una rosa entre besos nos transmitía un poco de esperanza y nos recordaba que la vida volverá con todo su esplendor. Y con ella, Sant Jordi. La cita es, esta vez sí, el 23 de abril.

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