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Mensajes de ánimo con la fregona en la mano

Mirna comenzó a trabajar en una planta de hospital en plena pandemia. Cáritas ha insertado a 17 personas vulnerables desde el inicio de la crisis, pero esto acaba de empezar

Norian Muñoz

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Mirna Dora, en su trabajo en el Complex Llevant de Santa Tecla. Foto:Cedida

Mirna Dora, en su trabajo en el Complex Llevant de Santa Tecla. Foto:Cedida

A unas pocas personas la crisis le ha traído buenas noticias y Mirna (40 años) es una de ellas. El 15 de abril comenzó a trabajar en el Complex Llevant de la Xarxa Santa Tecla. Mirna cuenta que al principio tenía algo de miedo porque «tenía que hacer la zona donde están los enfermos de Covid-19, pero me permitieron elegir si quería entrar a limpiar las habitaciones o no. Tardé cinco días en coger la fuerza suficiente para entrar, pero ahora me siento muy bien. A pesar de que es un trabajo duro me siento muy útil porque además hay una implicación emocional. Les hablo y les animo mientras limpio y les mando todos los mensajes positivos que salen de mi corazón: ‘Vamos con energía todos’, ‘esto va a pasar’, ‘han de poner de su parte y luchar que de aquí vamos a salir todos’, ‘aquí estamos con ustedes, no están solos’».

Esta trabajadora, que relata que reza una plegaria por los pacientes antes de entrar a cada habitación, es una de las 17 personas que han encontrado trabajo en medio de la crisis sanitaria gracias a la intermediación del departamento sociolaboral de Cáritas Diocesana de Tarragona. Su marido también hizo un curso de electricidad con la entidad y lleva seis meses trabajando.

«Les hablo y les animo mientras limpio y les mando todos los mensajes positivos que salen de mi corazón», explica Mirna Dora, trabajadora de la limpieza

Mirna no puede estar más agradecida por el apoyo redibido. Es de Honduras, desde donde emigró con su marido y sus hijs porque, pese a que vivían con comodidades, la inseguridad se hizo insoportable. «La llegada y adaptación fue muy dura, casi me costó una depresión», reconoce.

Peticiones desbordadas

Tere Jordán es la coordinadora del servicio, y desde que comenzó la pandemia está colgada al teléfono intentando que se repitan pequeños milagros como el de Mirna. Están acostumbrados a trabajar con casos complicados; personas muy vulnerables, pero esta crisis ya está haciendo que lleguen personas de otros perfiles, como autónomos y trabajadores del sector de la hostelería. «Esto se ha desbordado, nos llaman directamente, desde la desesperación», explica Jordán.

La mayoría de las personas a quienes han conseguido insertar en el mercado laboral trabajan en el entorno sanitario, en la atención a personas dependientes, en limpieza y agricultura. No obstante, con el paso de los días comienzan a llegar más ofertas de carretilleros y mozos de almacén.

«Hay muchas formas de ayudar... Que la ola de solidaridad de las empresas no pare», explica Tere Jordán, Coord. sociolaboral Cáritas

Para aumentar las posibilidades de éxito ha comenzado a trabajar en el equipo una prospectora que está continuamente buscando los nuevos nichos donde puede haber empleos que cuadren con el perfil de los participantes.

Aunque la crisis está trayendo a personas cada vez más preparadas a buscar ayuda, lo cierto es que la mayoría de quienes atienden tienen un nivel formativo muy bajo y eso dificulta la entrada en un mercado laboral «que cada vez es más competitivo y exigente», señala Jordán.

Así pues, en el servicio, con los medios de que disponen, ofrecen talleres de preparación para la búsqueda de empleo, pero también cursos de áreas específicas, como la atención domiciliaria y el montaje eléctrico. Todos son a coste cero, porque se trata de personas que no tiene medios para permitirse la formación.

Se da la circunstancia, además, de que en el caso de las personas extranjeras con alguna titulación, el proceso de homologación es largo y complicado, así que no tienen forma de acceder a otras formaciones aquí.

En el año 2019 el servicio atendió a 1.124 personas. De ellas, 681 pasaron por procesos de selección en empresas y 247 encontraron trabajo.

Aunque son tiempos duros para todos, Jordán cree que es el momento de que las empresas demuestren su responsabilidad social corporativa, «que la ola de solidaridad no se pare y que miren para este lado, el de las personas más vulnerables», señala. Por eso hace un llamamiento a contactar con la entidad, «hay muchas formas de ayudar», asegura.

Cree que ahora que ha quedado en evidencia que hay trabajos vitales para que todo funcione, como el da las limpiadoras o las cajeras de supermercado, es el momento de que al reconocimiento social se sume un salario digno.

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