Así son los primeros parados de esta crisis

Autónomos, afectados por ERTE, despedidos, vinculados al turismo y a la restauración... La urgencia económica deja ya situaciones al límite y búsquedas desesperadas de trabajo

Raúl Cosano

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Autónoms y trabajadores afectados por la crisis del coronavirus. FOTOS: DT

Autónoms y trabajadores afectados por la crisis del coronavirus. FOTOS: DT

Antònia Bové, podóloga: «He tirado de dos ahorros que ya he fulminado»

Antonia Bové ha convertido su consulta, ahora cerrada, en un taller. Fabrica mascarillas y batas para hospitales. Foto: DT

Antonia Bové, de 67 años, se ha puesto a confeccionar mascarillas y batas para hospitales ante el inevitable parón en su negocio, una consulta de podología en Tarragona. «Llevo un mes y medio parada, con mi consulta convertida en un taller», cuenta Antonia, obligada a ese paro después de cuatro décadas en la profesión. «Por suerte, tengo el local pagado, pero luego viene la contribución, y todas las facturas. Es muy difícil tirar adelante con cero ingresos y no sé si voy a poder aguantar mucho más». 

Antonia se aferra a servicios a domicilio muy esporádicos pero que no contribuyen a solucionar su problema económico: «He podido acudir a atender a algún cliente que lo ha necesitado pero la actividad es muy poca. He tenido que hacer un ERTE para que la persona que trabaja conmigo pudiera seguir cobrando». Antonia, que reside en Calafell, ha preferido incluso quedarse a dormir en su consulta, «para poder atender a las llamadas si había alguna urgencia y para evitar estar todo el rato yendo y viniendo desde Tarragona».

Antonia reconoce que ya ha tenido que «recurrir a dos ahorros pero ya los he fulminado», así que se emplaza a la esperanza: «Hay que ser optimistas. Espero que esto pase pronto y nos podamos empezar a recuperar poco a poco». Mientras, invierte su tiempo en la solidaridad y, además de fabricar mascarillas, lleva la compra a domicilio a una amiga que no puede salir de casa. 

Joan Montané, socorrista y profesor: «Acababa de montar mi propia empresa»

Joan Montané se dedica a proyectos de socorrismo. Foto: DT

A Joan Montané, de Falset, la crisis le ha llegado en el peor momento: justo cuando, tras acumular una valiosa experiencia en empresas dedicadas al socorrismo, emprendió aventura por su cuenta y fundó  en febrero GT Salvament. «Decidí ponerme de autónomo, haciendo una labor enfocada a la educación, a actividades de verano», cuenta este profesor de formación profesional en salvamento y socorrismo.

«Hicimos todas las clases que pudimos telemáticamente pero la parte de práctica, de agua, no la hemos podido completar, así que me he quedado colgado», cuenta Joan, socorrista con múltiples perfiles, entre ellos el de inventor e impulsor de proyectos de innovación dedicados al salvamento, y también con un claro sentido didáctico en áreas como el aquagym. «Es el primer año en que me ponía de autónomo. Había pedido un crédito también», admite.

Él, con experiencia en playas y piscinas en El Vendrell, Calafell o Roda de Berà, ha visto cómo sus planes se han ido al traste. «Nuestros servicios son de cara a empresas dedicadas al turismo, así que la situación me afecta mucho», reconoce. Ahora, a pesar de su formación bien definida, Joan se abre para trabajar de «lo que sea»: «Tengo el coche camperizado y si sale faena en el campo, por ejemplo, en Málaga, voy para allí, ya que no hace falta alojamiento. También si alguna empresa necesita un trabajador para días sueltos puede contar conmigo. Así puedo aprovechar que estoy pagando el seguro de autónomos, por si alguien necesita un empleado en días puntuales».

María Tucci, camarera: «Si no nos mata la Covid-19 nos matará el hambre»

«Mi perfil lo tiene todo: familia monoparental, con una niña y una persona mayor al cargo», confiesa María Tucci, una tarraconense víctima del parón en la hostelería. «Lo mío ha sido un despido directamente. Normalmente voy a un restaurante a hacer temporada. Me acababan de contratar y me rescindieron», cuenta ella, que acumula más de 15 años en el sector y que solía trabajar de Semana Santa hasta octubre o a veces hasta diciembre.

María reconoce estar cerca del límite: «Yo entiendo que no es culpa de nadie, pero estamos hasta el cuello, toda la vida pagando impuestos, no cobrando nunca nada en negro y cuando le pedimos al sistema que nos ampare, no es capaz de hacerlo. Me parece increíble. Es una situación frustrante».

María reconoce haber pagado con dificultad las facturas del mes de marzo pero directamente no poder con las de abril. De ahí que tema, sobre todo, por el alquiler: «Yo quiero quedarme en mi casa. Siempre he estado al día de los pagos. Si me invitan a un café ya estoy dándole vueltas a por qué no he pagado yo».

María admite una situación precaria y demanda ayuda: «Busco desesperadamente trabajo, de lo que sea y como sea. Cuidado de personas mayores o menores, limpieza a pequeña o gran escala, incluso podría impartir clases de inglés, francés o italiano...». María ha llegado a poner un anuncio en internet con un reclamo que, para ella, sintetiza muy bien su situación y la de otros muchos: «No nos matará el Covid-19 pero nos moriremos de hambre». 

Juan Cárdaba, músico: «Tengo toda mi actividad anulada hasta julio»

Juan Cárdaba se dedica a la música desde los 14 años. Foto: DT

Desde los 14 años Juan Cárdaba se dedica a la música. El 15 de marzo se cayeron todos sus proyectos inmediatos: sus actuaciones en los hogares del jubilado, sus conciertos de verano con la orquesta Jamaika Band en las fiestas de pueblo y sus shows en bodas y otras celebraciones familiares. «Yo trabajo todo el año de esto. No es una cosa puntual de unos meses. Desde que empezó el estado de alarma, todos mis clientes me fueron llamando diciéndome que se cancelaba todo, ni bailes ni fiestas populares», admite. 

Fue un doloroso pero esperable goteo de anulaciones. Su trabajo de la segunda quincena de marzo, abril, mayo y junio, de momento, ha desaparecido de la agenda de un día para otro, y no está claro qué pasará después, porque el panorama es igualmente negro para un sector que se mueve siempre en reuniones de gente y aglomeraciones. «Ya dicen que lo nuestro será lo último que se ponga en marcha. Lo estamos asumiendo pero la situación es muy complicada, además, justo ahora cuando empezaba la época fuerte de celebraciones. Ya he tenido que tirar de ahorros. Además, había comprado una furgoneta nueva para poder trabajar y mantenemos los gastos de autónomo y gestoría». 

A Juan, acostumbrado desde hace décadas a recorrer de arriba abajo toda la provincia con su música, el parón le ha descuadrado las cuentas de todo el año: «He podido acceder a una ayuda de autónomo de 670 euros, que apenas sirve para cubrir el autónomo y los otros gastos y es muy inferior a lo que podía ingresar trabajando, claro. Además, es una ayuda sujeta al estado de alarma. No sé qué pasará después, pero estoy muy preocupado y sé que no voy a poder aguantar mucho más, porque las facturas no perdonan. Hablando con compañeros, estamos todos igual».   

Javier Sánchez, albañil: «Me ofrezco para que me den empleo en el campo»

Javier Sánchez trabajaba de paleta y haciendo reformas. Foto: DT

Javier Sánchez, de 36 años, ha pasado de ganar unos 1.400 euros al mes a quedarse en nada y a tener que tirar, junto a su familia, de lo poco que tenía ahorrado. Llegó a España desde Colombia hace algo más de un año y ha estado alrededor de ocho meses trabajando como paleta en labores de obras y albañilería y también haciendo reparaciones y reformas.

«Debido a esta situación me he quedado sin trabajo. Esto me ha perjudicado mucho. Tengo dos hijas pequeñas y no es fácil salir adelante. Aquí estaba a gusto trabajando y en una buena situación pero esto me ha cogido de imprevisto», explicar Javier, vecino de Reus que a base de seriedad, dedicación y buen hacer se había granjeado una nómina consistente de clientes: «Tenía un montón de trabajo previsto para los próximos meses. Estaba en un gimnasio haciendo unas obras y de, repente, desde mediados de marzo, me quedé sin nada, cuando tenía muchos proyectos en marcha, y es una pena porque estaba recibiendo encargos en ese momento». 

Javier, que está pendiente de obtener el permiso de residencia, asume que, de momento, no recibe ningún tipo de ayuda ni contribución por la situación. Con la construcción reactivada solo en parte, sabe que su labor en domicilios y locales puede tardar tiempo en volver, así que, como tantos otros, se aferra a las opciones que puede dar la agricultura, un sector que está reclamando mano de obra durante esta emergencia sanitaria: «Me ofrezco para trabajar en el campo. He leído que hay 100.000 vacantes y puedo ir adonde sea. Lo que quiero es trabajar y ganar dinero. Confío en poder salir adelante. Yo soy cristiano, creo en Dios y sé que no nos va a abandonar, agradezco la ayuda a todo aquel que pueda colaborar con mi situación».  

Silvia Mamzeridis, distribuidora y repartidora de hielo: «Con la hostelería cerrada no voy a ningún sitio»

Silvia reparte hielo por toda la provincia. Foto: DT

De facturar entre 2.000 y 3.000 euros brutos al mes –teniendo que pagar luego todos los gastos–, a recibir unos 650 euros, la ayuda para los autónomos en este estado de alarma.

Tampoco a Silvia Mamzeridis, una tarraconense repartidora y distribuidora de hielo, le salen las cuentas. «Con toda la hostelería cerrada no voy a ningún sitio. Yo repartía a restaurantes, bares, hoteles, campings o discotecas de toda la provincia, durante todo el año pero en especial en verano, cuando es la temporada fuerte», explica Silvia. Esos poco más de 600 euros se esfuman rápido cuando hay que pagar 283 a la seguridad social, 500 más si llega el recibo del seguro de la furgoneta o los créditos por el vehículo y la vivienda, que rondan los 400 al mes. A eso se añaden los gastos domésticos como la alimentación, el agua o la luz, y la manutención de su hijo, con quien vive, en una familia monoparental.

«He tenido que tirar de ahorros, porque normalmente no estás a cero, pero lo estoy pasando mal. En casa no entra más dinero que el que puedo ingresar yo. Normalmente en invierno hay poco trabajo y estás esperando a que llegue la Semana Santa para empezar a recuperar y en tres o cuatro meses puedes ganar para todo el año», cuenta Silvia, otro ejemplo de cómo los autónomos se han visto devastados por esta crisis: «Normalmente vives al día. Si vendes ganas, pero si no puedes ni salir, te quedas a cero. Y los pagos mínimos están ahí».

Silvia, que lleva ocho años como vendedora de hielo y acumula cuatro como autónoma, lamenta la situación: «En verano salgo a trabajar a las 8 de la mañana y vuelvo a las 12 de la noche. Tanto esfuerzo para que ahora nos venga esto...»

Cristian Ramos, operario de mantenimiento: «Quiero trabajar de lo que sea. No puedo esperar»

Cristian Ramos, 33 años, de Cambrils, puso este anuncio en internet: «Busco trabajo para recoger fruta. Por el tema de Covid-19 me he quedado en paro». Cristian trabajaba como operario de mantenimiento en un camping de la Costa Daurada que se preparaba para la temporada alta. El 1 de abril Cristian fue incluido en un ERTE. «Nos reunieron a todos los trabajadores y nos dijeron que había que hacer una regulación y que, cuando pasara el estado de alarma, nos llamarían», cuenta.

Cristian vive de alquiler y es padre de un niño de cuatro meses. Reconoce que ha sufrido retrasos a la hora de pagar algunas facturas pero le inquieta más la situación a largo plazo que el propio ERTE: «Estoy muy preocupado, porque sé que el turismo va a ser uno de los sectores más perjudicados y al que más le va a costar volver a la actividad. También puede ser que vuelvas a tu puesto y luego te acaben despidiendo si no hay ganancias o la situación sigue mal. Ojalá me volvieran a coger en el mismo sitio cuando esto pase, pero mientras tanto estoy buscando otras cosas». 

Cristian, mientras espera los pagos del Estado ligados a los expedientes –abonos que están padeciendo demoras–, rastrea por la red. Ha visto la demanda de empleados para trabajar en campañas agrarias: «Estoy dispuesto a trabajar de lo que sea. Vi que buscaban a gente para trabajar en el campo y que hacía falta personal. Necesito ponerme a trabajar ya, no puedo esperar. No tengo garantías de que la situación mejore pronto». 

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