‘Los abuelos me oyen cantar desde sus habitaciones’

Cocineras residencia tercera edad. La relación con los abuelos va más allá de preparar los menús. Candy Túnez, además, les toca el acordeón por la megafonía

JOSÉ M. BASELGA

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Candy Túnez es cocinera en la residencia de abuelos de El Vendrell. FOTO:  DT

Candy Túnez es cocinera en la residencia de abuelos de El Vendrell. FOTO: DT

Cuando tiene un ratito deja los fogones y coge su acordeón. A través de la megafonía de la residencia de la tercera edad de La Muntanyeta de El Vendrell, Candy Túnez toca y canta algo. «Cosas que sé que les gustan a los abuelos».

Lo sabe porque ya lo hacía antes del confinamiento que ha obligado a suprimir la movilidad por todo el centro. Ahora los abuelos están en sus habitaciones como medida de prevención. Los pasillos más vacíos que nunca.

Pero Candy sabe que los abuelos agradecen esa música cuando suena. Que la esperan cada día. Como una forma de estar unidos. Se lo explican las enfermeras que atienden directamente a los residentes. Y eso vale. «Ayuda mucho saber que lo que haces le sirve a los abuelos».

Mucho silencio

Pero también sirve a Candy. Y a las enfermeras y a los fisios y al personal del centro. «Es todo muy raro. Hay mucho silencio. Aquí siempre hemos sido una gran familia. Con abrazos, besos, risas... y ahora...», reflexiona Candy. ¿Tristeza? «Todo es tan diferente».

Candy Túnez es cocinera en la residencia de La Muntanyeta desde hace cinco años. En la cocina siguen con sus menús habituales. Quizá ahora un poco más suaves. Aunque hace unos lunes con motivo del Día de la Pascua hubo menú de fiesta. Ensaladilla rusa, carrillera al horno y pastel de la Mona.

En la cocina del centro son ocho las personas que preparan las comidas, las cenas, las meriendas.... «Desde el primer momento la empresa (Serunión) nos ha facilitado epis y todas las medidas de seguridad necesarias. Por eso no ha habido problema».

Controles

El control es muy estricto en el centro. «Los proveedores no pueden entrar en la cocina». Dejan los productos fuera, el personal de la residencia los recoge y los desinfecta antes de llevarlos a la cocina.

Ahora el trabajo obliga a no tener contacto directo con los abuelos. «Eso se echa de menos», lamenta Candy. «Aquí somos una familia y esa falta de contactos, de explicarnos cosas, hace que la situación sea muy extraña». También hay nervios por todo lo que está pasando.

La cocinera siente el cariño de los abuelos desde la lejanía de las habitaciones. Cuando toca su acordeón y cuando prepara los menús. «Sé que ellos lo agradecen».

También nota el cariño de sus vecinos. Candy cuídate, le dicen. «Es bonito comprobar que la gente se preocupa de nosotros. Los vecinos ayudan mucho a aguantar». Y que han descubierto el papel imprescindible que se hace en la cocina de una residencia de abuelos.

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Por eso cuando tiene ese ratito que puede dejar los fogones, no duda en coger su acordeón y cantar por la megafonía. «Sé que me están escuchando», dice. Convencida de que los abuelos que la escuchan sonríen y, quizá, tararean o la acompañan, como antes del obligado confinamiento.

En la residencia ha fallecido un abuelo por coronavirus y los que han dado positivo están en una zona aislada. También varios trabajadores han dado positivo y están haciendo cuarentena en casa.

Toca esperar

Está siendo todo muy difícil», pero van a seguir siendo una gran familia como lo define Candy. «Porque vamos a volver a cantar juntos y abrazarnos por los pasillos como siempre». Pero ahora toca esperar y cuidarse.

Y la mejor manera de cuidar a los abuelos es seguir al frente los fogones. «Para que estén fuertes». Y cuando hay ese ratito, coger el acordeón y cantarles, que seguro que sonríen y tararean los temas que les gustan.

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