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Aislados en Sant Salvador

La única manera segura de llegar hasta el centro de la ciudad es en coche o en transporte público

CARLA POMEROL

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Algunos vecinos se ven obligados a transitar por el arcén. FOTO: Fabián Acidres

Algunos vecinos se ven obligados a transitar por el arcén. FOTO: Fabián Acidres

Aislados. Así se sienten los vecinos de Sant Salvador, quienes reivindican desde hace años una mejor conexión con el centro de la ciudad. La única manera de llegar hasta la avenida Andorra es en coche o en transporte público. Los vecinos más valientes –o inconscientes– ponen en peligro su vida y deciden caminar tres kilómetros por el arcén de la carretera N-240. Un paseo que uniera ambos núcleos urbanos sería la solución perfecta para acabar con esta incomunicación. El problema es que un tramo de la vía pertenece al Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento no puede hacer nada. El embrollo entre administraciones y la falta de voluntad de los últimos gobiernos municipales han impedido poner fin a esta situación.

Hasta hace unos días, los vecinos que querían dirigirse andando al centro de la ciudad lo podían hacer pasando por el margen del río Francolí, a su paso por el barrio de Sant Salvador. El problema es que, desde las inundaciones del pasado octubre, el lugar está prácticamente intransitable. «Nos dijeron que limpiarían el acceso del camino paralelo al río y que en enero ya volvería a estar operativa, pero de momento todo sigue igual de sucio», explica Toni García, presidente de la Associació de Veïns de Sant Salvador i Sant Ramon.

Ahora mismo, la única forma segura de ir al centro de la ciudad es en coche particular o en autobús. Hay quien opta por jugarse la vida e ir recorriendo el arcén de la carretera. La solución, según los vecinos, seria hacer una rambla o un paseo, como el que hay entre los barrios de Ponent y la avenida Roma –una de las entradas al centro de la ciudad–. En el caso de Sant Salvador, la cosa se complica ya que parte de la carretera N-240 es propiedad del Ministerio de Fomento. El Ayuntamiento está dispuesto a recepcionar el tramo «para hacerla más urbana», asegura el concejal de Territori del Consistorio tarraconense, Xavi Puig. Cabe recordar que, en junio de 2019, el gobierno central ya cedió a la corporación municipal dos de los tramos de esta vía, –desde la rotonda de la avenida Andorra hasta el puente de la autovía A-7–.

«No entendemos porque somos el único barrio aislado de la ciudad. Tenemos un entorno de primera, con un espacio natural ideal para ir a andar, correr o en bici. Pero no podemos aprovecharlo. Estamos incomunicados», reivindica García, quien asegura que «las administraciones se tiran la pelota unas a otras». La entidad vecinal propone que, mientras se busca una solución definitiva para la N-240, «se ponga a punto y se habilite la vía verde del río, como por ejemplo tienen los residentes del Parc Francolí, con su hierba y su zona de ocio».

Otro líder vecinal, el presidente de la Associació Ciutat de Tarragona de Sant Ramon i Sant Salvador, Francisco Álvarez, asegura que «nos sentimos discriminados. No solo supone un peligro andar por el arcén, sino que también, en alguna ocasión, nos han multado». Otra vecina, Alícia Ricote, explica que «estamos cerca de todos lados, pero no podemos acceder a ninguno». Ricote añade que son muchos los jóvenes que estudian en el Complex Educatiu «y que se ven obligados a ir en coche».

Por su parte, el concejal de Territori del Ayuntamiento de Tarragona, Xavi Puig, reconoce que Sant Salvador «es uno de los barrios con mayor necesidad de cohesión y, a la vez, más alejado del centro», y añade que «por un lado, deberemos mejorar el transporte público y las paradas y, por otro, hacer más urbana la actual carretera de Valls». Puig deja claro que la recepción del tramo que falta «no será de un día para el otro», lo que deja entrever que la solución definitiva se prevé para largo plazo.

El peligro de la parada de bus

A todo ello cabe sumarle la peligrosidad y el sinsentido que presenta la parada de autobús llamada Pont del Diable, que está instalada a un kilómetro del barrio de Sant Ramon, en medio de un carril de incorporación. «Estamos cansados de ver grupos de turistas japoneses o chinos, y de estudiantes, jugándose la vida al llegar a lo que se supone que es un monumento declarado Patrimonio Mundial», explica García, quien añade que «un día habrá una desgracia. Algún coche se llevará a un turista y entonces pondremos soluciones».

Además, para volver al centro de la ciudad después de visitar el Pont del Diable, los turistas deben andar un quilómetro hasta la primera parada de autobús, coger la línea 5 o 85, y dar toda la vuelta al barrio. «Y si encuentran la parada, están de suerte», añade García, quien pide que, como mínimo, instalen una marquesina para garantizar la seguridad de los usuarios en la N-240.

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