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Genocidio en el Mediterráneo

Derechos Humanos. La activista Edda Pando habla en Reus sobre la política europea que mata a miles de migrantes en naufragios

Carla Bergadà

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La conferencia tuvo lugar ayer en el Casal de les Dones.  FOTO: Alba Mariné

La conferencia tuvo lugar ayer en el Casal de les Dones. FOTO: Alba Mariné

Edda Pando nació en Perú pero vive en Italia desde 1991. Dejó su país para conocer mundo pero al llegar al continente europeo tuvo que quedarse ilegalmente, por lo que subsistió limpiando casas. En 2001 creó la Associazione Todo Cambia, de la que actualmente es presidenta. A ella la esperaba ayer una veintena de personas en el Casal de la Dona de Reus. Más que a ella, a sus vivencias y su lucha incansable.

La activista se sirvió de un par de vídeos que reflejaron, sin duda alguna, el terror que se vive día a día en el Mar Mediterráneo. Con enfado, Pando afirmó que «Europa debe conocerse como el continente que está causando un genocidio». Se refería a la política migratoria europea que, tras cerrar fronteras, está negando el auxilio a los valientes que arriesgan su vida por buscar, valga la redundancia, una vida.

Presentada por unas preciosas y sentidas palabras de Carlos Iaquinandi, presidente del Centre Llatinomaricà de Reus, la peruanoitaliana transmitió a los asistentes la historia de un grupo de madres tunecinas que tras una infatigable insistencia consiguieron un visado italiano. Querían llegar al país de la bota para encontrar a sus hijos y, acompañadas por las imágenes de los jóvenes, estaban dispuestas a todo. Sus ‘pequeños’ les habían avisado al tocar tierra e incluso algunos aparecían en imágenes televisivas. Y aún así, alguien los hizo ‘desaparecer’. Nada se sabe.

Edda Pando: «En cuatro años, 18.000 personas han desaparecido en el mar. Más de 200.000 familiares siguen esperando noticias de ellos»

Esta historia provocó a Edda Pando la inquietud por, como ella misma dijo, «dar voz a las familias para que se conozca la política criminal migratoria de Europa». Alzando el tono, queriendo llamar la atención de los que escuchaban —si es que podía hacerlo más— aseguró que en aguas europeas, entre 2017 y 2018, desaparecieron 18.000 personas; «eso significa, 200.000 familiares que siguen esperando noticias. Quizás son muertos, son personas desaparecidas o desapariciones forzadas, pero no hay certificado de defunción. No hay tumba. No hay luto. No hay descanso para sus seres queridos».

«Y las víctimas van a seguir creciendo, porque el anhelo de libertad de las personas no se va a acabar jamás». Y un caluroso aplauso estalló tras la última frase de la activista que visitó Reus para participar en un conjunto de charlas que conforman una jornada para defender los derechos humanos celebrada en varias ciudades catalanas.

Empezado el debate, uno de los asistentes aprovechó para preguntar sobre las mafias que, la mayoría de veces, se esconden detrás de una patera llena de soñadores. Algo a lo que Edda Pando quiso responder sin tapujos: «El problema no son las mafias. Si la gente pudiese viajar libremente, no habría muertos en el mar porque no pagarían por escapar sin ninguna seguridad». Para ella hay un culpable claro: el visado. Aprovechando el coloquio, Iaquinandi quiso lanzar una reflexión, teniendo en cuenta la afluencia de público: «¿Qué está pasando para que seamos tan insensibles?». Pero si sirvió para hacer reflexionar a veinte, ya es una victoria.

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