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Mensajes para el más allá

In memoriam. El cementerio de Tarragona está lleno de epitafios, poesías, manuscritos, dibujos, inscripciones, peluches... en recuerdo de los difuntos que allí yacen

Xavier Fernández

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Una persona circula en una bicicleta el pasado martes por el cementerio de Tarragona. FOTO: LLUÍS MILIAN

Una persona circula en una bicicleta el pasado martes por el cementerio de Tarragona. FOTO: LLUÍS MILIAN

Figurillas de una pareja en su boda o de un niño vestido de primera comunión, un corazón de peluche con un osito, la foto de un pilar de vuit amb folre i manilles, un banderín del Nàstic junto a una botellita de agua de Sant Magí, poemas, citas bíblicas, manuscritos, un delfín esculpido en el nicho de una niña… Los recuerdos y epitafios del cementerio de Tarragona encogen el alma, evocan dramas familiares, muertes prematuras o largas vidas pero, sobre todo, transmiten mucho amor, toneladas de sensibilidad que no de sensiblería. Son los mensajes para el más allá.

«Fuiste buena antes de nacer, buena cuando naciste. Durante la niñez, en la adolescencia, en tu corta vida. Nos diste ánimos en la enfermedad. Nos diste lo mejor de ti que es tu hija. Nos diste muchas sonrisas y un saber estar hasta el Fin de la vida. Te quiero con toda mi alma mi niña». Es el epitafio de una madre para su hija fallecida a los 29 años.

Unos pequeños escriben a su abuelo: «Los años van pasando y nosotros, a medida que vamos creciendo, te recordamos con más cariño. Siempre te querremos por ser el mejor iaio del mundo». Para otra anciana hay esta dedicatoria: «Abuela: Eres una persona adorable en la que confío plenamente. Tu vitalidad y sabiduría motivan a todos los que te rodean. Eres la persona a la que quiero cada día un poco más. Eres la luz que ilumina mi vida».

Un diploma «al mejor padre», enmarcado y protegido por un cristal, reza: «Por haberte dado ‘la lata’ durante la infancia… Por tanto cariño como sabes dar… Por pagar tantas y tantas facturas…Y porque no hay otro como tú, está claro que eres el mejor padre de mundo».

«Aunque estés lejos de mi, pero no del pensamiento, pues con los ojos del alma te veo a cada momento», dice una inscripción grabada en mármol.

«Soy viento de libertad»

Con la foto del difunto y con la imagen de un frondoso bosque se puede leer: «Si las lágrimas pudieran construir una escalera, y los recuerdos un carril, caminaría hasta el cielo para traerte aquí de nuevo».

Hay mensajes que son citas de personajes muy conocidos. Como está del Che Guevara: «El día que yo muera, no me vengáis a llorar, no estaré bajo tierra puesto que soy viento de libertad».
O esta otra, de Pere Casaldáliga: «El final del camino es este. Solo me dirán: ¿has amado?...Yo ya no diré nada. Mis manos secas y vacías, pero el corazón mío lleno de nombres». 

Eriza la piel ver la foto de un bebé y un escueto: «La niña (el nombre) subió al cielo a los dos años»… No muy lejos hay un enigmático «las pérdidas son ganancias».

También un doble mensaje para un padre y una madre. «Mamá: Gracias por todos tus desvelos, por ser mi mejor consejera, por confiar en mí, por enseñarme a valorar las cosas sencillas, por tu incondicional y firme amor y por darme el mejor regalo: La vida». Y «Papá: Gracias, por hacerme sentir protegido en todo momento, por estar siempre a mi lado, por cuidar de mí, por ayudarme siempre que lo necesito y por enseñarme el camino de la vida».

«Aquí descansa el sabio...»

Tono casi épico tiene la lápida apoyada en el suelo a los pies de un panteón cercano a la puerta. En la grafía original: «Aquí descansa el sabio (aquí el nombre) cuyos talentos históricos, numismáticos y comerciales o más bien jenerales, cultivados por siete idiomas apreciaron corporaciones de Madrid y Tarragona: fue a mas honrado, prudente  y benéfico. Murió el 11 de febrero 1842, a la edad de 88 años».

«Quisiera volver a tenerte unos instantes, para decirte todo aquello que no te dije en una vida», se lee en otro epitafio. Hermoso mensaje, pero que no tengamos que esculpir nosotros algo similar. Digamos un «te quiero», que no nos arrepintamos de no haberlo pronunciado cuando ya sea tarde. 

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