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Opinión EDITORIAL

De la nación y el federalismo

El debate sobre el significado de las palabras bloquea cualquier avance sobre una propuesta política que abra la puerta a una solución para el problema catalán

Diari de Tarragona

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El callejón sin salida en el que parece inmersa la política española para dar una respuesta adecuda a Catalunya tiene en la interpretación de las palabras un primer escollo de desconfianzas. Por ejemplo, la palabra ‘nación’, y algunas de sus derivadas como nacionalidad y plurinacionalidad está frenando la posibillidad de dar un vuelco a la organización del Estado que podría abrir una solución para Catalunya. Por otro lado, federalismo y sus construcciones tambien son un enredo: estado federal, federación, etc. En lo tocante al concepto de nación, la disputa versa sobre si arrastra o no consigo irremisiblemente el concepto de estado. Y en lo referente al federalismo, el debate se acalora cuando se cae en la cuenta de que expresa realidades muy distintas: el modelo federal americano es muy diferente del alemán, por poner dos ejemplos bien conocidos de casi todo el mundo. En el seno del PSOE, sin ir más lejos, estos términos mantienen viva una peligrosa discordia que se hizo operativa en los debates de primarias. Cuando ha quedado explícito -el discurso de Sánchez en la clausura del congreso andaluz ha sido clarificador- que, para el secretario general del partido, que alude con frecuencia a los términos nación, plurinacionalidad y federalismo, nación no implica estado, la soberanía nacional es única e indivisible y el federalismo que propugna no es asimétrico ya que mantiene la igualdad de todos en lo económico y en lo social, residan donde residan, aunque admita como es lógico el reconocimiento de singularidades que no tienen que representar ventajas. En definitiva, determinadas palabras generan división más o menos consciente y objetiva, aun cuando quienes disienten coincidan en los conceptos, aunque no en sus denominaciones. Y como es absurdo proseguir por ese camino, lo lógico sería que a la hora de debatir, se aclarara el significado de las palabras que van a utilizarse, aun cuando ello resulte farragoso. O, mejor aún, lo inteligente sería no utilizar las palabras divisivas y desarrollar los conceptos, que son los que habrán de consensuarse.

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